Los comentarios racistas y antisemistas de los españoles en las redes llegan a las páginas del «New York Times»

El diario estadounidense se hace eco de la reacciones en Twitter contra los judíos tras la victoria del equipo israelí Maccabi de Tel Aviv ante el Real Madrid y de la polémica de Dani Alves y el plátano


Redacción

España vuelve a ser protagonista de las páginas del New York Times. Este idilio del diario estadounidense con el territorio español comenzó hace dos años, cuando el rotativo publicó un extenso reportaje fotográfico retratando las miserias de la crisis. Al repaso gráfico de las colas del paro, las manifestaciones contra los recortes y la inmigración le siguió una segunda información, lanzada el pasado mes de febrero, sobre el «ritmo» de vida de los españoles, sobre los horarios y sobre la tan criticada siesta. El viernes pasado, el objetivo del periódico se cerró un poco más, concentrándose en los gallegos, para dedicarle un poco de tinta a los percebeiros y al arte del marisqueo. Esta semana, vuelve a la carga. Lo hace trasladando a sus páginas la extendida costumbre española de arremeter en las redes sociales contra los deportistas a base de comentarios racistas y antisemitas.

El escándalo de Dani Alves y el plátano, y la oleada de mensajes insultantes en Twitter sobre los judíos, tras la victoria del equipo de baloncesto israelí Maccabi de Tel Aviv ante el Real Madrid el pasado domingo, dispararon todas las alarmas del diario estadounidense. El reportaje, publicado este viernes en la versión impresa del New York Times, arranca comparando las prácticas en las redes sociales de los aficionados españoles con el caso de Donald Sterling, el magnate estadounidense, propietario de Los Ángeles Clippers, que acaba de ser sancionado y suspendido de por vida por la NBA por sus comentarios racistas. El rotativo recalca que los prejuicios en los deportes no es nada nuevo en España, pero pone el foco de atención en los últimos «abusos», citando como principal ejemplo los casi 18.000 comentarios en Twitter bajo el hashtag #putosjudios tras la Final Four de baloncesto.

El diario pone al día a sus lectores sobre la decisión de las organizaciones judías de denunciar ante la Fiscalía los comentarios judeófobos y antisemitas y añade la reacción de los jugadores del equipo, que, tras el partido, aseguraron que nunca les había pasado nada parecido. «La gran cantidad y la intensidad del odio antisemita desatado a través de Twitter en España es alarmante y escandaloso». Son declaraciones, recogidas en el reportaje, de Abraham H. Foxman, director de la Anti-Defamation League, tras las cuales The New York Times pasa a explicar la polémica del plátano lanzado al futbolista Dani Alves.

El diario americano recoge la campaña antiracista que sucedió al vergonzoso episodio del Madrigal y amplía el radio de acción hasta Italia -extendiendo su azote al resto de Europa- para poner de relieve los cánticos insultantes en Florencia contra el delantero Balotelli, el jugador de origen ghanés que ya ha pasado por otras situaciones similares en Inglaterra y en Oporto. «El hecho de que España no tenga un partido de extrema derecha con una presencia institucional no significa que no cuente con extremistas, alentados y coordinamos por otros extremistas europeos, y cuya presencia está más acentuada en el deporte», cita el periódico al español Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia. «Lo que estamos viendo en casos como el de Maccabi y el de Dani Alves es que los grupos ultras de aficionados deportivos están integrados por neonazis».

Carga también, a través de las palabras del sociólogo y profesor de la Universidad de Barcelona Xavier Torrens, contra las autoridades deportivas, a las que reprocha haber considerado estos episodios como una «colección de anécdotas aisladas». Las compara, además, con la Asociación Nacional de Baloncesto de EE.UU. y su firme reacción ante las palabras de Sterling.

En sus últimos párrafos, el reportaje rompe una lanza a favor de España: «Aunque este tipo de problemas se han vuelto más frecuentes en el deporte español, sería un error acusar a la sociedad española en su conjunto de racista y antisemitas. En la época anterior al estallido de la burbuja inmobiliaria, el país integró con éxito cerca de cinco millones de inmigrantes -más del 10 % de su población-. Ni siquiera la crisis económica y el fuerte aumento del desempleo hicieron que se desatase una ola de xenofobia».

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