Eurotúnel: ni animales rabiosos, ni hongos, ni plaga de arañas francesas

El miedo se apoderó de los británicos antes de la inauguración del túnel del Canal de la Mancha, pero 20 años después se ha disipado

Un tren emerge del túnel del Canal de La Mancha en el 2006.
Un tren emerge del túnel del Canal de La Mancha en el 2006.
afp

Los miedos a una invasión de animales rabiosos, de terroristas o de inmigrantes clandestinos se apoderaron de los británicos antes de la inauguración del túnel del Canal de la Mancha el 6 mayo de 1994, pero después de 20 años se han disipado. Los detractores del proyecto en la orilla norte del canal que separa Francia de la isla de Gran Bretaña temían un recrudecimiento del narcotráfico, la aparición de un hongo en el vergel de Kent, e incluso una plaga de arañas francesas o de temibles polillas devastadoras de colmenas.

Otros temían una competencia letal para los barcos que cruzan el canal, la aparición de hordas de camiones en la campiña inglesa o una quiebra de la empresa explotadora, Eurotunnel. Las hipótesis más dramáticas eran las relativas a un hundimiento de galerías subterráneas debido a inundaciones, terremotos, atentados o incendios.

El 10 de febrero de 1986, ocho años antes de la inauguración, el secretario de Estado de Transportes, Nicholas Ridley, se dirigió en estos términos a los diputados escépticos: «¿Llegará la rabia? ¿Nos invadirán los rusos por el túnel? ¿Debe Gran Bretaña seguir siendo una isla?». «Entiendo estos argumentos emocionales pero no creo que sean racionales», agregó.

Escasamente convencidos, algunos diputados propusieron sellar las ventanillas para evitar que viajeros maleducados tiraran sus desechos durante el viaje y atrajeran a zorros u otros animales dañinos.

De hecho, un animal rabioso fue hallado en 1996 en una playa del sur de Inglaterra. Una primicia desde 1922. Los servicios veterinarios establecieron sin embargo que el murciélago ratonero ribereño, una especie común en Europa continental, había cruzado el canal de la Mancha por los aires.

En 1994, John Noulton, director de Comunicación de Eurotunnel, trataba de tranquilizar a las personas con claustrofobia argumentando que aunque el túnel estaba oscuro, las condiciones para los viajeros serían similares a las de una «cabina espaciosa de avión durante la noche».

En octubre de 2012, poco después de los Juegos Olímpicos de Londres que favorecieron los cruces por debajo del canal, se alcanzó la cifra de 300 millones de pasajeros.

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