Dejen paso a los nuevos tenderos de barrio

El espíritu «ecofriendly» ha conseguido que se abran tiendas ecológicas y de proximidad con un plus, defender la altísima calidad


Ni Wii ni Candy Crush. Juguemos a un clásico, las diferencias. Entre un supermercado y una ecotienda de nueva generación. Entro en el primero. Susto de agárrate nada más abrir las puertas automáticas, cajeras cuál clones uniformados, todo está etiquetado, envasado, precintado, plastificado, loncheado, despiezado... peces, carnes y panes se multiplican tanto que Jesucristo se echaría las manos a la cabeza. O Colón al ver el viaje que se pegan los kiwis de Nueva Zelanda. La globalización nos hizo olvidar a qué huele un tomate de verdad.

Ahora entro en la segunda. Suena una campanilla. «¡Bos días!» sonríe el vendedor. Es el vergel del granel, verduras y frutas que hasta hace pocas horas y a pocos kilómetros de distancia crecían en las manos de Montse. La leche procede de las vacas de José Luis. En la pared no hay fotos de modelos sino de labradores, con cayado y arrugas. En las estanterías, todo sano y rico: tofu, panela, algas, leche de avena, cerveza artesana, cosmética bio, macarrón de quinoa, galletas de castaña, especias e infusiones gallegas, etc.

Volvamos a esa década maravillosa. Cosas de la vida, Alaska y Los Pegamoides sacaban el álbum Horror en el hipermercado. Nacían Marcos, Eva y Lucas cuyos destinos acabaron cruzados por sus tiendas «de proximidad» con valor añadido, respectivamente A Estruga (Viveiro) que asesora en agricultura ecológica, Amodiño (Ribadeo) con bar y espacio socio-cultural y Ultra_Alimento (Lalín) en la línea de la divulgación medioambiental. Las 3R son sagradas y los tres fueron arropados por «mamá» Cova da Terra (Lugo).

Influenciado por la abuela Esther, el rural siempre pesó en Marcos Besada. Se hizo ingeniero técnico agrario por «estar ao aire libre». Cree que A Estruga y sus primos-hermanos contribuyen a volver a creer en el producto fresco local: «A nosa idea de futuro é acabar facendo da Mariña de Lugo o sistema produtivo da tenda. A xente agora o entende, pero cóstanos moita saliva». «O concepto de soberanía alimentar encántame, reflexa o que traballamos, consumir o de cada zona respectando os procesos produtivos da zona, produtores, e o termo de proximidade, saber quen está detrás», dice a la vez que vienen a su memoria de niño Maribel la pescadera o Jaime el carnicero. Participa en el primer huerto urbano viveirense y cree que es hora de que hijos y nietos cojan el sacho con orgullo y que las abuelas que engatusó Ramón O Fertimón aprendan a cultivar sin químicos, solo observando la sabia naturaleza (porque al paso que vamos, corremos el riesgo de volvernos fosforitos, ¿o no?).

En resumen, intermediarios cero, distribuidores los suficientes y mano a mano entre vendedores: «O tempo de saír adiante é o tempo de colaborar, non de competir. Non estamos aquí para ser máis ca ninguén senón para axudar uns a outros».

En Ultra_Alimento, proyecto cooperativo que en la vida de Lucas Requejo ha sido otro giro tras dejar el oficio de aparejador, supe de la existencia de Repoloman. Nada extraño porque su lema (que no lo descubra la Marvel) es: «Leva ao extremo o poder do alimento». En cristiano, «transformación social e medioambiental, escolla de produtos libres de químicos, xogando cos conceptos km0, km40 e km70 facendo alusión á quilometraxe que percorre cada produto para vir aquí e na parte social fomentando desenrolo de sinerxias coa educación». A alumnos les habla de los ?seres? que habitan su tienda, la caixa-palé, la cicloneveira expositora, las peixe-caixas o las ciclo-caixas que aprovechan para repartir en bici... Ojito si tiene usted un somier metálico porque se propone reciclar-customizar un icono del feísmo. «Hai que enorgullecerse do que temos ao lado?, resume.

Los barceloneses Eva y Fran dieron vida a Amodiño, bar sin tele donde los niños exploran su creatividad. Pasean tapas y platos por barra y mesas con garbo: «Así a xente proba e se anima a levar un produto ou me preguntan como fago as cremas de verduras que saben tan ricas», dice ella. ¿El secreto? Algunas vienen de la huerta de su madre. Gustan albóndigas vegetales, pizzas, falafel, lasaña... y hasta las algas. Celíacos o veganos tienen su punto de encuentro. Como para los anteriores, A Cova da Terra fue y es su «referente».

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