«Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro»


redacción / la voz

José Antonio Marina es una referencia en el mundo académico. Ensayista, filósofo, profesor, pedagogo, fundador de la Escuela de Padres. Marina se muestra partidario de los deberes en casa, y de las clases de Historia porque en ellas se puede constatar el fracaso a la solución de problemas de las sociedades.

-¿Por qué los gobiernos no son capaces de pactar un sistema educativo estable y respetado?

-Porque la educación siempre ha estado ideologizada. Es uno de sus males. La ideología es a la educación lo que la mixomatosis al conejo: acaba con él. Siempre ha habido contenciosos que han impedido el pacto político. Cada partido en el poder quería implantar su ideología e instrumentalizar la educación. Creo que sí es posible un pacto social por la educación, y que entonces seremos los ciudadanos los que presionaremos a los políticos para que pacten.

-¿Tiene sentido que niños de 11, 12, 13 años, después de su jornada escolar, tengan 3 o 4 horas de deberes?

-Los deberes en casa tienen problemas. Uno es el tiempo que se les va a dedicar. Soy partidario de que algunos deberes se deben hacer en casa porque se ha acortado mucho, en general, el horario escolar. Aunque lo ideal sería que se estudiara en las horas de escuela. En Francia hay un debate enorme. Se considera que si se da demasiado peso en la educación a los deberes en casa se pueden crear agravios comparativos. No todos los niños están en las mismas condiciones para trabajar en casa. La carga del estudio debe ser sobre todo en la escuela. Nosotros estamos implantando muy alegremente la jornada continua, que desde el punto de vista pedagógico no tiene mucho sentido. Dicho esto, los deberes se deben hacer. En primaria, empezar con diez minutos e ir aumentando el tiempo hasta el último curso, que sí conviene que trabajen alrededor de una hora. En secundaria hay que estudiar.

-El sistema educativo es memorístico. ¿Tiene sentido en un mundo donde buscar información es fácil?

-No creo que tengamos un sistema memorístico. Al contrario. Los estudiantes empiezan a recordar muy pocas cosas. En los últimos años hemos insistido demasiado en la importancia de los procedimientos, en las actividades, en la búsqueda de información. Y hemos descuidado la segunda parte: hay cosas que tienen que aprender. Hay un estúpido descrédito de la memoria. No hay nada más tonto que decir que la memoria es la inteligencia de los tontos. Es de los tontos y también de los listos. Pensamos a través de la memoria e inventamos a través de la memoria. Se empieza a extender la idea de para qué voy a aprender una cosa si la puedo encontrar en el ordenador. Es un disparate. Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro. Los estudiantes deben saber cosas para aprovechar la riqueza de posibilidades que da Internet. Si no saben nada, no encontrarán nada.

-¿Qué se debe aprender?

-Ese es uno de los más interesantes problemas pedagógicos: discernir qué es lo que el niño, el adolescente, el universitario debe aprender y guardar en su memoria personal y lo que no vale la pena que aprenda porque a partir de lo que sabe lo puede encontrar con mucha facilidad. Nuestros adolescentes y universitarios tienen un nivel muy bajo de comprensión lectora. No entienden lo que leen. Si no tienen esta competencia ¿para que les sirve Internet?

-¿Qué piensa del test de inteligencia?

-Pueden detectar alguna disfunción, pero no sirven para evaluar la complejidad de la inteligencia. Hay un test interesante que se aplica a niños de cinco años. Consiste en darles un pastel y decirles: puedes comértelo, pero si no te lo comes mientras estoy fuera de clase luego te lo podrás comer y además recibirás un premio. Es el test de aplazamiento de la recompensa. Tras seguir a esos niños 16 años, se comprueba que el test de las chuches predice mejor los resultados académicos. ¿Por qué? una cosa es tener el tipo de habilidades que miden los test de inteligencia y otra es utilizarlas bien. Un niño puede hacer bien un test de inteligencia, pero de repente es perezoso o cobarde.

-¿Por qué ahora todos los niños tienen déficit de atención?

-Se dice que hay entre un 10 y 12 % de la población escolar con déficit de atención. Me pregunto, ¿puede haber una precipitación en el diagnóstico? Yo distingo entre trastornos de atención (son los que necesitan una solución médica, un 2 %) y los problemas de atención (10 %). Son niños que no han aprendido los mecanismos de la atención voluntaria.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
22 votos
Tags

«Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro»