¡No te cortes, enseña la faja!

La faja vuelve, y no sin consecuencias. Permite a muchas mujeres lucir hasta tres tallas menos y ha convertido en multimillonaria a una estadounidense, Sara Blakely


¿Qué tienen en común Jessica Alba, Gwyneth Paltrow, Cate Blanchet, Beyoncé, Penélope Cruz, Kate Holmes y Eva Longoria? Además de otras cosas, todas ellas lucen espléndidas en las alfombras rojas. ¿Qué mujer puede decir que no se ha quedado muerta de envidia al verlas enfundadas en vestidos imposibles? Y esa envidia no es tanto por los vestidos sino por los cuerpos sobre los que están esos vestidos. Pues bien, tiene truco. Se llama spanx, o Spanx con mayúscula porque es una marca, y no es más que una revisión de la tradicional faja.

Porque la faja ha vuelto. No solo la llevan las estrellas para parecer estupendas en las alfombras rojas. Cientos de miles de mujeres de todas las edades vuelven a utilizar esa prenda entre instrumento de tortura y lámpara de Aladino. Y son tantas las mujeres que la usan que han hecho multimillonaria a la responsable de esa vuelta, la estadounidense Sara Blakely.

Sara trabajaba vendiendo faxes de puerta en puerta en Florida. Y en Florida hace mucho calor y hay mucha humedad ambiental. Un día, Sara quería unos pantis pero sin pies y no los encontró en ninguna tienda. Cortó algunos de los que tenía con pies pero se le enrollaban en los tobillos. Así que decidió crear su propia marca de pantis, o leggins, sin pies y que no se enrollaran. Eso fue solo el principio. Porque en el año 2000 se le ocurrió otra idea genial. Si esos pantis apretaban lo suficiente el cuerpo podían hacer que la mujer que los llevaba pareciera más delgada. Así nació Spanx. Con una inversión de 3.000 dólares.

Las más populares de estas fajas modernas van desde debajo del pecho hasta medio muslo y consiguen reducir incluso tres tallas. Claro que hay que soportarlas porque a pesar de todo el márketing sobre que no son incómodas y que no son feas, como aquellas fajas que llevaron nuestras madres en el siglo pasado, lo cierto es que no son cómodas y sobre su presunto «charme» habría bastante que hablar.

Serán incómodas y antiestéticas pero han triunfado. Claro que responsable de ese triunfo es la idea de Sara para fabricarlas y, sobre todo, la genialidad que se le ocurrió para promocionarlas. Le mandó unas muestras de regalo a Oprah Winfrey, la presentadora más popular de la televisión estadounidense conocida por su sobrepeso y su lucha constante con la báscula. Oprah probó las prendas de Spanx y la convencieron así que las recomendó en su programa. Lo demás es historia. La faja ha vuelto y Sara Blakely es multimillonaria.

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¡No te cortes, enseña la faja!