Papeleo en América, al menos 87.000 euros, una niña de 4 meses... ¡y trillizas!


Ángel y Miguel, residentes en A Coruña, recurrieron a la gestación subrogada en el 2009. Contactaron con una clínica en San Diego (Estados Unidos), eligieron a una donante de óvulos y los fecundaron con muestras de su semen. La gestante, Jessica, tenía entonces 29 años y ya era madre de tres hijos.

«Podíamos hacer cuatro inseminaciones y, desafortunadamente, fallaron los tres primeros intentos», explica Ángel. Esto supone un problema logístico porque cada fallo retrasa el proceso «entre cuatro y cinco meses, pues la gestante debe recuperarse». «A Jessica se le iban a transferir dos embriones cada vez, como máximo -prosigue Ángel-, pero en el cuarto y último intento, de acuerdo con ella, modificamos la prueba».

«Por sugerencia del médico -continúa eufórico- lo intentamos con los tres embriones que quedaban para ver si enganchaba alguno, y hoy tenemos trillizas. Eran las tres de la mañana cuando llamó el doctor. Contestó Miguel. Yo quería un chico -rememora Ángel-, así que aquella noche no pegué ojo, pero después te das cuenta de que es lo mismo y hoy no cambio a mis hijas por nada del mundo».

El padre recuerda otro detalle que lo dejó marcado: la emoción de Jessica y su llanto al no conseguir dejar más formadas a las crías. Nacieron en la semana 33, el 20 de julio del 2011, y el motivo de su disgusto era «que no había aguantado quince días más para que estuvieran más gorditas».

Con una abogada coruñesa

De los numerosos trámites del proceso se encargó Ana Miramontes, una abogada coruñesa especializada en subrogaciones y adopciones. «Realmente, Miguel y Ángel tuvieron suerte porque fueron de los primeros que se beneficiaron en España de la instrucción del 2010». Ellos no tuvieron ningún problema para inscribir a sus hijos «como progenitores 1 y 2», pero «no siempre» es tan fácil, revela Ana, que destaca «la elevada profesionalidad y el rigor de todo el proceso en Estados Unidos», donde son necesarios varios contratos y un acuerdo ante el juez con la donante, la gestante, los médicos...».

Otra pareja gay, la formada por Juan y Gabriel en Ledoño (Culleredo), vivió una experiencia similar en Illinois. Hoy disfrutan de la compañía de su hija Candela, de apenas cuatro meses. Para Juan es importante que la gestación subrogada se regularice en España porque «no todo el mundo puede pagar los 120.000 dólares [87.000 euros] que cuesta, porque la burocracia es compleja y porque hay gente que no sabe inglés y está firmando los contratos a ciegas con tal de ser padre».

De su experiencia en América destaca la «seriedad y naturalidad» de la gestación subrogada. En su caso, la gestante, de 19 años, «quería volver a disfrutar de la experiencia de un embarazo pero no podía permitirse criar a otro niño». Las gestantes reciben una contraprestación «de al menos 23.000 dólares, que en ningún caso es un pago, pues por ese dinero no les compensan los gastos ni el tiempo de baja».

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