«The Guardian» pone a los becarios al mando

El diario otorga a diez jóvenes periodistas el poder de decisión sobre los contenidos de una parte del periódico, para dar cabida a sus inquietudes y a sus puntos de vista


Los becarios mandan en The Guardian. Al menos durante esta semana, y tan solo de la sección G2 del periódico, decicada a arte y radio y televisión principalmente.

El diario británico ha decidido poner en marcha el proyecto Generation Y takeover, con el fin de que la generación de jóvenes periodistas puedan aportar sus puntos de vista y dar cabida a sus inquietudes sobre el «difícil clima económico en un mundo en rápido cambio».

Para ello, los diez jóvenes becarios, nueve chicas y un chico y con edades comprendidas entre los 24 y los 30 años, tienen durante esta semana el control total sobre los contenidos de esa parte del periódico, que serán publicados en su página web y también en Twitter bajo el hashtag #G2GenY.

Los jóvenes periodistas se han presentado en un artículo en la web del diario en el que explican la idiosincrasia de su generación, compuesta por los nacidos entre principios de los 80 y los 00.

Autodefinidos como optimistas y, como millones de jóvenes más, «comprometidos políticamente, activos socialmente y motivados creativamente», los diez chicos consideran que, a través de esta iniciativa, tienen la oportunidad de compartir con los propios miembros de su generación y con los de las demás generaciones sus puntos de vista «sobre los medios de comunicación, la globalización, el sexo y la cultura popular», y dar cuenta de sus preocupaciones «sobre necesidades básicas como vivienda, alimentación y empleo».

Los diez chicos, que representan a un mundo multicultural (han vivido en 18 países y hablan 10 lenguas diferentes), desgranan las cuatro características que definen su universo en constante cambio, de las que se derivan cuatro problemas instantáneos: viven sus vidas en línea, con lo que les preocupa no estar viviendo en realidad; tienen líderes que les han fallado, y lo que se les dice es que no hay alternativas; habitan en un mundo conectado, por lo que les cuesta comunicarse; y consiguen recompensa instantánea, por lo que nunca están satisfechos.

Los participantes en este experimento muestran su «empeño por explicar y entretener, aunque no aleccionar» y piden perdón por adelantado por si «el poder se nos sube un poco a la cabeza».

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