Cómo convertirse en maleni

Tres premisas: el aspecto importa, y mucho; nunca hay que decir no al azúcar y siempre sí a las manualidades. La última en caer ha sido Sara Carbonero.


Amélie y su vida colorista y vintage en París son un referente básico, o al menos una inspiración importante, para buena parte de las malenis. Así que si uno quiere entrar en la tribu debe cumplir al menos uno de los mandamientos que a continuación se detallan. Si el objetivo es convertirse completamente, estas cuatro pautas deben funcionar como las tablas de la ley. Malenícense, vale la pena.

1.- Ningún plato puede ser igual a otro

La decoración es básica a la hora de malenizarse. Vajillas primorosas (como la de la imagen, de Zara Home) y manteles a juego no pueden faltar en casa para recibir visitas o comer a diario. Eso sí, la tendencia es que todos los platos y vasos sean diferentes pero armónicos. Así no hay problema cuando se rompe una pieza.

2.- Dulce, dulce y más dulce

Si maleni viene de magdalena, obviamente el factor dulce es clave y por supuesto hay que ser la mejor repostera sobre la faz de la tierra. La maña es fundamental, pero para echar una mano están las tiendas especializadas. En Sugar Pot (Ecuador, 32. Vigo) además de un sinfín de golosinas tienen todo el material necesario para hacer pasteles y cupcakes para chuparse los dedos y además organizan cursos y asesoran a los que quieran iniciarse o dar un paso más, en el inabarcable mundo de la repostería creativa.

3.- El dedal, siempre listo para entrar en acción

El gusto por lo hecho a mano es otra de las características que definen a una maleni, así que hay que sacar del baúl aquellas lecciones de costura, punto y ganchillo que nos daban nuestras madres y abuelas. Para las que son incapaces de recordar cómo hilvanar en La Rueca Patchwork (avenida de Finisterre, 15-17. A Coruña) dan cursos con el método Pepa de la Morena y además proveen de todo el material. El último grito es We are Knitters (weareknitters.com) con kits para tejerse prendas rompedoras con lana de primera calidad. Hasta Sara Carbonero se apunta al punto.

4.- Visite locales acordes al movimiento

A veces, a una (o uno) no le apetece encender el horno para hacer un pastel, o poner la mesa cuidando hasta el último detalle. Para esos momentos y para no perder la comba en el mundo maleni nada mejor que pasarse por una cafetería con encanto. La Tertulia (Pombal, 2. Santiago) tiene siempre bollería casera y un café muy sabroso para merendar o desayunar acorde con su nuevo estatus malenístico.

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