El auténtico verso suelto del PP

Celia Villalobos contra el partido en asuntos sociales, y ya ha pagado varias multas


Redacción / La Voz

Celia Villalobos (Málaga, 1949) tendrá que pagar pronto una multa por votar ayer en contra de lo que dicta su partido en el Congreso por la cuestión del aborto. Serán 500 euros, pero seguramente a ella no le importará. No solo porque en casa no tienen aprietos económicos -además de sus ingresos están los de su marido, Pedro Arriola, asesor de Rajoy, cuya empresa factura casi un millón de euros anuales al partido- sino porque ya debe estar acostumbrada.

Desde que en 1982 esta funcionaria malagueña de formación algo difusa -alguna vez afirmó haber terminado Derecho, extremo que retiró en otras ocasiones- accediese a la política, sus actuaciones fuera de la norma son una constante. En 1997 se opuso a su partido y se posicionó a favor de la regulación de las parejas de hecho; se ausentó del Congreso cuando el PP votó contra de la ley del aborto socialista; y fue sancionada en el 2005 por votar a favor de las bodas gais, y también en el 2013, por no votar en contra de la moción del PSOE en la que se pedía la retirada de esta ley Gallardón.

Villalobos Talero -se queja de que las diputadas no tienen segundo apellido, no así los diputados- despierta pasiones a partes iguales: hay quien la considera la Belén Esteban del hemiciclo y otros la ven como la gran socialdemócrata del PP.

Pero unos y otros se han reído, o enfadado, con sus ocurrencias. Una de las más criticadas fue el vídeo del mosqueo con su chófer, al que le dedicaba gritos del tipo «¡Manoloooo!», «¡No son más tontos porque no se entrenan!». También levantó ampollas cuando se refería a la cuota de empleos para las personas con discapacidad como «al tema de los tontitos», con el malestar del entonces presidente del Congreso, José Bono.

Jugadora de balonmano en su juventud, Celia Villalobos se atreve con cualquiera, y por eso es capaz de mandar callar a los diputados -son habituales las casi trifulcas cuando está sustituyendo a Jesús Posada en la presidencia del Congreso-; exigir a los fotógrafos que le enseñen las imágenes que toman -ocurrió una vez, por si habían captado el texto de unos folios que llevaba en la mano-; o, incluso, hablar mal de los compañeros -antológico cuando dijo «esa es una hija de puta y a ver si tiene ahora cojones para presentarse», en referencia a Esperanza Aguirre, o cuando, explicando su ausencia en la presentación del segundo libro de memorias de José María Aznar no se excusó: ««No fui porque no me dio la gana»-.

Caldo de vaca loca

Sin embargo, las meteduras de pata más importantes de Celia Villalobos fueron durante su breve paso por el Ministerio de Sanidad. Entre el 2000 y 2002 se ocupó de esta cartera, lo que le costó pagarle una cena a su amiga Teófila Martínez, con quien había apostado lo contrario. Su papel comenzó intentando establecer el copago de los medicamentos y terminó inmovilizando las partidas del aceite de orujo de oliva, para, en medio, recomendar a los españoles que llamasen al 061 si temían haber sido objeto de un ataque por ántrax (mortal y muy contagioso) y convertir el asunto de las vacas locas en una crisis mayor de lo que era. Su «yo le digo al ama de casa que no eche huesos de vaca cuando haga una comida» causó una conmoción.

Con todo, no hay duda del carisma de Villalobos, con nueve legislaturas a sus espaldas y cargos de todo tipo. Tanto, que su nombre sonó como candidata del PP a la Junta de Andalucía. Sin duda, la apuesta de Rajoy por Juan Manuel Moreno ha evitado alguna que otra frase para recordar.

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