Los últimos modelos de Nespresso destrozan las cápsulas de supermercado

Después de las luchas judiciales con sus competidores por las pastillas de café compatibles, la multinacional suiza ha decidido enfrentarse a ellos por las malas


Redacción

Nespresso vuelve a la carga. Después de infructuosas luchas judiciales con múltiples marcas a lo largo y ancho del mundo, a las que acusaba de utilizar cápsulas compatibles con sus exclusivas máquinas, la multinacional que popularizó la nueva forma de disfrutar el café ha decidido enfrentarse a ellas por las malas: destruyendo sus cápsulas.

Según ha demostrado el medio suizo Blick.ch, las últimas generaciones de máquinas Nespresso, como la U, Pixie o Inissia, las tres en venta en España, no toleran demasiado bien las cápsulas de otras marcas. La cápsula entra sin problemas en el hueco correspondiente, pero, terminado el proceso, lo que aparece en la taza dista mucho de ser un café, y el cliente se encuentra finalmente con un poco suculento caldo aguado.

Nespresso ha conseguido dejar fuera a muchos de sus competidores a través de un perfeccionamiento de sus agujas, que ahora obliga a que la cápsula no solo entre en el hueco, sino que sus formas, dureza y material coincidan a la perfección con las que comercializa la propia marca.

Las consecuencias para la pastilla clónica (el medio analiza solo marcas de café locales, por lo que no hay datos para los productos españoles) son variados: algunas, las que están fabricadas de un material más duro, permanecen intactas después del proceso, aunque no se llega a hacer el café; otras acaban completamente machacadas; y hay algunos casos en los que la pastilla llega a funcionar aceptablemente.

Y, en cuanto a la máquina, algunos de estos estudios muestran cómo la utilización de cápsulas de algunas marcas concretas pueden incluso llegar a dañar las cafeteras, algo que, en ese caso, rompería el compromiso de garantía y obligaría a que sea el propio usuario quien pague la reparación de su bolsillo.

La guerra del café

Cuando salieron al mercado, las máquinas Nespresso fueron una revolución. Un método instantáneo y fácil de hacer un café en casa o en la oficina con el cuerpo y el aroma de ese que los italianos consideran el único aceptable: el espresso. Además, con un precio aceptable para un dispositivo con esa potencia de presión (de 19 bares), dado que las máquinas con características similares no bajan de los 300 euros (a diferencia de los 79 euros de la Nespresso más barata).

Todo ello acompañado de una marca que apelaba a la exclusividad y al lujo en su imagen, aunque con un pero: el precio de cada café individual y la compra de las cápsulas, solo en tienda o por Internet.

Un modelo de negocio que demostraba estar pensado hasta el último detalle. O no.

Y es que, en un momento dado, otras marcas, entre las que se cuentan Marcilla o Candelas en España, vieron la oportunidad de recuperar el espacio que la multinacional suiza les había arrebatado. Decidieron crear con su propio café cápsulas que podían vender en el supermercado y a un precio muy inferior (muchas veces la mitad de la de marca Nespresso).

Nespresso reaccionó pronto ante esta visible amenaza a su modelo de negocio y no dudó en denunciar por plagio en la patente de sus cápsulas a las marcas aunque, en la mayoría de los casos, el hecho de que el funcionamiento, la forma y el material de las pastillas fuese diferente a las originales, llevaron a desestimar la mayoría de los casos.

Se producía así una democratización de las cápsulas, algo que no encajaba dentro del meticuloso plan comercial de la compañía a la que George Clooney pone cara.

La incompatibilidad de las pastillas clónicas con las nuevas máquinas Nespresso es otra batalla más dentro de la encarnizada guerra por el dominio del café doméstico.

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