Los divorcios son «contagiosos»

Un estudio que se ha publicado en la revista estadounidense «Social Forces» asegura que si un familiar o un amigo se separa hay un 75 % más de posibilidades de que uno acabe haciéndolo. Los famosos son prueba de ello


Nueva York

¿Estás casado? ¿Tienes amigos o parientes próximos que se están divorciando? Si la respuesta a esas dos preguntas es sí: ¡cuidado! Porque un estudio que se ha publicado en la revista estadounidense Social Forces asegura que el divorcio es contagioso.

Los investigadores que han realizado este estudio analizaron los datos de proximidad social y divorcios en una amplia población y por un espacio de treinta años. Y sus resultados no dejan lugar a dudas. Cuando se produce el divorcio de una pareja, sus familiares y amigos más cercanos tienen un 75% más de probabilidades de divorciarse también. Incluso, el contagio llega a los amigos de los amigos cercanos, aunque en ese caso la influencia disminuye y el riesgo de divorciarse aumenta solo un 33%.

El trabajo demuestra también que no importa la proximidad geográfica. Da igual lo lejos que vivan tus familiares y amigos cercanos porque su divorcio puede contagiarse. Lo que sí influye poderosamente es la distancia social. Ese contagio se produce solo en los dos primeros grados de separación, es decir, familiares directos como padres, hijos y hermanos y amigos próximos que están en el primer grado y amigos de amigos que están en el segundo. Más allá, se acabó el contagio.

LOS MATRIMONIOS AMIGOS

La directora del estudio, Rose McDermott, profesora de la Universidad de Brown, asegura que «acercarse a las causas del divorcio como una epidemia puede ser muy útil». Según Brown, sabiendo que ese contagio se produce: «Aconsejamos que ayudar a un amigo a mantener su matrimonio en pie puede servir para mejorar la propia relación de pareja».

Los autores del estudio que, junto a McDermott, son los profesores James Fowler, de la Universidad de California en San Diego, y Nicholas Christakis de la Universidad de Yale, advierten de que sus conclusiones pueden no ser extrapolables al cien por cien a toda la población. La explicación a ello es que la investigación se realizó sobre un grupo que no es representativo de toda la sociedad.

Estos científicos utilizaron los datos de un estudio longitudinal ya existente. Se le llama el estudio Framingham y es un proyecto que se inició en 1948 para estudiar las enfermedades del corazón en una muestra de población muy amplia. Se eligió a los habitantes de una localidad de unos 60.000 habitantes llamada así, Framingham, que está a unos pocos kilómetros de Boston. 5.209 vecinos de esa ciudad participan en el estudio que cada dos años vuelve a entrevistarlos. Y en 1971 se añadió una segunda generación cuando más de 5.124 hijos adultos de los primeros participantes también comenzaron a ser entrevistados. El estudio Framingham es muy conocido en Estados Unidos y se ha acabado utilizando para mucho más que estudiar sus patologías cardíacas porque entre las preguntas que se les hacen a los participantes se incluye información muy completa sobre su estilo de vida y sobre sus relaciones sociales.

McDermott, Fowler y Christakis analizaron los datos de divorcios de ese grupo de población, que al final también es una forma de estudiar sus corazones, aunque en otro sentido, entre los años 1971 y 2001. La razón de que adviertan sobre la posibilidad de que los datos no sean extrapolables exactamente es que el grupo que forma el estudio es mayoritariamente blanco, de clase media y mejor educados que la media del país. También tienen una tasa de divorcios ligeramente más baja. Por eso las cifras del 75% y el 33% de contagio pueden no corresponder exactamente a las que se encontrarían en otros grupos de población. Aunque los investigadores están convencidos de que sean o no exactamente esas cifras, el contagio sí se produce.

divorciado «apestado»

Otra de las conclusiones que extraen de su análisis es que los recién divorciados pierden una gran parte de su popularidad entre sus amigos. Como si sufrieran cierto rechazo. Quizá esa sea una de las consecuencias de la posibilidad de contagio, si los amigos aunque sea de forma inconsciente creen que la proximidad de un divorciado o una divorciada puede suponer un riesgo para su propia pareja no sería raro que tomaran distancia.

Aunque los investigadores señalan también otra causa para ese alejamiento, lo que llaman «la caza furtiva marital». Es decir, que un soltero o una soltera pueden ser percibidos «como amenazas sociales» por las parejas casadas.

Y también han descubierto que las personas más populares, que cuentan con mayor número de amigos, «tienen menos riesgos de divorciarse que los que tienen menor número de relaciones sociales». También a esto dan una explicación los investigadores, ellos creen que estar rodeado de una red social fuerte puede servir para proteger la pareja porque «hace más fácil para las personas sobrellevar las inevitables tensiones conyugales».

Famosos ¿ontagiados?

Lo cierto es que esto de los divorcios contagiosos parece cumplirse cuando se miran algunas separaciones sonadas. Sin duda uno de los divorcios que más han dado que hablar fue el del príncipe Carlos de Inglaterra y Lady Di. Aquella tormentosa relación llevó a una separación que ocupó las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo en 1992. Que el hijo de una reina y heredero al trono se separara de su mujer parecía una auténtica bomba. Una bomba que se multiplicó, quizá por contagio, cuando unas semanas después, su hermano, Andrés, también anunció su separación de la que hasta entonces había sido su esposa, Sarah Ferguson. Ambos hermanos también obtuvieron sus respectivos divorcios casi simultáneamente en 1996.

Y en Estados Unidos hubo otra separación que dejó a todos boquiabiertos. En 2010 el exvicepresidente Al Gore anunciaba que se divorciaba de su mujer, Tipper, tas cuarenta años de matrimonio. Los estadounidenses siguieron la noticia asombrados porque la pareja Al y Tipper habían parecido siempre el matrimonio perfecto. Pero más aún cuando pocos días después, la hija mayor de ambos, Karenna Gore, también hizo público que se estaba divorciando de su marido con el que llevaba trece años casada y con el que tenía tres hijos. ¿Tal vez hubo contagio en la familia?

Una plaga entre los famosos

Y es posible que este riesgo de contagio descubierto por McDermott, Fowler y Christakis sirva para explicar algo que todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿por qué los famosos se divorcian tanto? Es indudable que las parejas famosas se divorcian más que el común de los mortales.

Hasta ahora algunos estudios señalaban que una de las razones es que no tienen el problema que más dificulta la separación de la mayoría de la gente «normal», la economía. Los famosos no tienen problemas financieros ni para casarse ni para divorciarse. No tienen que echar cuentas sobre cómo podrán seguir pagando la hipoteca y además un alquiler. Pero quizá también es que se contagian unos a otros.

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