«La clave está en qué deberes poner»

El caso del colegio Parga Pondal de Oleiros ha reavivado el permanente debate sobre su idoneidad


La Voz | Redacción

A rajatabla. De esa forma ha acatado la dirección del colegio Parga Pondal, de Oleiros, la normativa de la Xunta que prohíbe a los profesores poner deberes a los alumnos de Primaria tras la reclamación interpuesta por dos padres hace un tiempo. Frente a esa postura, otros los reclaman. Y mientras la Consellería de Educación recuerda que la normativa está como está. Aunque en los centros donde no hay protestas, parece que su política es dejar hacer. Ese escenario ha reavivado el permanente debate sobre su idoneidad. Para algunos como Alberto Pita, vicepresidente de Confapa Galicia, «estos no son más que una muestra del fracaso del sistema educativo actual». Entre otras cosas porque, según dice, «volver a hacer en casa las mismas cosas que ya se han hecho en el aula genera rechazo al alumno». Para él, esa medida no es del siglo XXI. Aboga más por fomentar «las clases de apoyo».

Para otros como Miguel Zabalza, catedrático de Didáctica de la Universidad de Santiago (USC), los deberes tienen sus ventajas e inconvenientes. Entre otras virtudes destaca la de que «da la oportunidad de afianzar los hábitos de estudio individual y permite a los padres participar en la labor de educar a sus hijos».

Echando mano de los datos, este catedrático pone como ejemplo los países mejor puntuados dentro del informe Pisa. «En todos hay deberes», dice. Pero Alberto, que es padre e ingeniero, lo rebate añadiendo un matiz. «Al reducir la muestra de estados analizados a Europa, son los que no ponen tareas los que están mejor puntuados», responde. Con ese toque, el debate queda empatado.

La charla continúa y los participantes van acercando posturas poco a poco. Lo hacen, por ejemplo, cuando comentan que los deberes pueden ser una fuente de discriminación. «Entre las desventajas, además de restar tiempo de ocio a los pequeños o llegar a provocar estrés, está que pueden ser una fuente de discriminación dado que hay familias que pueden apoyar al alumno y otras no», dice Miguel. Ese último argumento lo utiliza Alberto al explicar que «hay padres que, por su nivel cultural o porque trabajan más horas, no pueden dedicarse tanto a ayudarles».

En el diálogo se cuela otro argumento de peso. Un hecho en el que parecen coincidir. «No se pueden poner reglas generales para este tipo de cosas porque eso parece una falta de confianza en el profesorado», explica el catedrático de Didáctica. Y Alberto recuerda que «la clave está en qué deberes poner. No hay problema en reforzar lo aprendido con alguna actividad, pero no haciendo ejercicios repetitivos como los que ya han hecho en clase y que aburren».

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