El calderón tropical -que se diferencia del común, cuya presencia es frecuente por la zona, por el color, más grisáceo, y una mancha blanca por el lomo, desde el oído- vive en aguas tropicales, desde el Golfo de Vizcaya al de Guinea, como explica Alfredo López, biólogo del Cemma. «Este non é o seu hábitat, é moi raro que varen... posiblemente un deles, o guía da manada, tivo algún problema de saúde e ao sentirse mal entra en augas tranquilas e arrímase á costa, porque lle custa nadar», indica el experto. Y el resto le habrían seguido hasta la playa, un entorno que desconocen, cuyos riesgos ignoran. «Non son capaces de saír, nin contan coa marea, porque eles viven no medio do océano, e varan», abunda.

El análisis de las muestras recogidas de los ejemplares muertos -el más grande, un macho, de 4,5 metros de longitud y una tonelada de peso [las crías, al nacer, miden entre 1,5 o 1,7 metros]- ayudarán a esclarecer las causas de este extraño varamiento. Dos esqueletos se conservarán en el museo de la Sociedade Galega de Historia Natural, en Ferrol, con fines científicos, y un tercero podría ir al centro del Cepesma, en Luarca. Los restos se incinerarán.

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Una especie de aguas tropicales que ignora los riesgos de la costa