Ocho emprendedores comparten su éxito de recuperación del rural

«Parladoiros» pretende dar alternativas competitivas al campo


Santiago / La Voz

En pleno auge de las sesiones de monólogos que llenan teatros, tres empresas, Corporación Hijos de Rivera, Gadis y R, han decidido combinar entretenimiento con proyectos de futuro en el rural. Y nacen así los parladoiros del mercado de la cosecha, que ayer llenaron el Teatro Principal de Santiago. Ocho pequeños monólogos o diálogos que, además de entretener, reflejan que el rural tiene futuro en Galicia y que juventud e innovación no están reñidos, en absoluto, con calidad, materia prima y tradición.

Buena fe de ello da Xosé Luis Carrera. De su familia le viene la tradición quesera en la comarca de Ulloa, en concreto en la parroquia de Albá, en Palas de Rei, y siguiendo con esa tradición puso en marcha Arqueixal. Partidario del minifundismo en positivo y de reducir al máximo los intermediarios, produce queso, yogur y leche de modo ecológico pero también recuperó una pequeña aldea en la que el turista puede «ir so a sacar fotos, ou pasar toda a mañá gardando as vacas». Uno de los reflejos de este amor por la tierra y la cultura gallega es la iniciativa Son d?aldea, una jornada en la que se representan los oficios tradicionales y se ponen a la venta productos artesanos o ecológicos. «Pensamos que ao vello dito de 'eres de aldea' como dicindo que pisas lamas e non sabes falar castelán, había que darlle a volta», concluye.

Como Xosé Luis, otros siete monologuistas demostraron que el campo tiene futuro. Belén Matilla, de la cooperativa Lutega, lo encontró en el lúpulo. La que fuera la primera productora de España, Betanzos y la comarca de As Mariñas, vuelve con fuerza de la mano de Lúpulo Tecnología de Galicia, que trabaja para la reimplantación de esta planta en la comunidad.

Iago Pazos y Marcos Cerqueiro, del espacio gastronómico Abastos 2.0, enclavado en plena plaza de Abastos de Santiago, defendieron el producto local, el que los pequeños productores llevan cada mañana al mercado. Y también contaron los atrancos con los que se encuentran. «Hai un baleiro legal, se lle mercas ovos da casa a alguén e vén inspección estamos perdidos. Temos un produto xenial ao lado e non podemos mercalo, ao final estamos alimentando aos intermediarios», lamenta.

De la cerveza y los productos lácteos al aceite de Olei, el primero hecho con aceituna gallega, la brava, de las comarcas de Quiroga, Valdeorras y Monterrei, y que María Estévez buscó personalmente entre los montes gallegos. O a Granxa Maruxa, el proyecto de Marta Álvarez y un paraíso ecológico para cualquier vaca. Pero en el rural y en la tradición gallega no solo se encuentran productos gastronómicos. Y eso lo demostraron Sergio Quiroga, con abonos ecológicos personalizados; Ana Teijeiro y Buxaina, una tienda en línea de juguetes personalizados en madera; o Antía Vázquez, una joven de 17 años, simplemente apasionada de la vida en el rural. Todo lo recaudado, además, se destinará a proyectos de formación en el rural.

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