Mecano, el mito del pop español sometido a examen

En 1982 España se proyectaba al mundo, saboreaba el socialismo y la democracia se consolidaba tras el fracaso del 23-F. En medio de todo ese clima, tres jóvenes irrumpían con un pop amable y aparentemente inocente. Era el principio de un reinado sin igual que duró más de una década. Todo ello se analiza en el libro «Mecano 82»


El pasado, en su condición de ideal, se suele modelar al antojo de quien lo recuerda. Y en la cultura pop más. Cualquier mirada a la música de los ochenta en España se centra en la omnipresente Movida Madrileña. De repente, Carlos, el niño de la serie Cuéntame se hace adolescente en los ochenta y tiene inquietudes musicales. ¿Quién suena de fondo? Parálisis Permanente. Si en la década pasada se produjo un bum de cierto tecno-pop con miras a aquella época, ¿quiées eran los referentes? Aviador Dro, La Mode o, en el mejor de los casos, Pegamoides. Y, por supuesto, la gran mayoría de los que hoy tienen 45 o más años y vivieron aquello aseguran sin pestañear que Rock-Ola (una sala para 250 personas) era su segunda casa, que no despegaban la oreja de Radio 3 y que adquirían fanzines de fotocopias en cantidades casi industriales.

Todo, por supuesto, es mentira. O, cuando menos, una verdad a medias.En 1982, cuando España estrenaba a Felipe González como presidente, simpatizaba con Naranjito y el Papa Juan Pablo II recorría el país con el papamóvil, existía una banda sonora nítida y mayoritaria. La trenzaban un trío madrileño, Mecano. En el otro polo, se situaba otro de los relegados en los repasos sesgados, Barón Rojo, que vendieron un millón de copias con Volumen brutal. Y, por supuesto, las listas de ventas reflejaban a el Rock de una noche de verano de Miguel Ríos, Amor de hombre de Mocedades o Bravo por la música de Juan Pardo. De lo que reza la versión oficial, apenas aparece el Bailando de Alaska y Pegamoides.

A Mecano resultaba imposible evitarlos. Su música -efectiva, contagiosa, inmediata- sonaba en todas partes. Capturaba a los más jóvenes, pero también a los adultos y, sí, a los niños. Y sentaba las bases con su primer disco, Mecano, del mayor imperio pop alumbrado jamás en España. Nadie llegó tan lejos como ellos. Nadie tuvo tanto éxito como ellos. Nadie, desde la música popular, tocó el corazón del gran público de esa manera. Y, por mucho que los críticos, sociólogos, músicos y fans pretendan arrinconarlos, la verdad tozuda se revela a la mínima. Después de tanto tiempo, quizá sería saludable hacer borrón y cuenta nueva para reconocer que, bueno, el grupo tenía buenas canciones. Sí, las que muchos de ellos seguramente escuchaban a escondidas.

Mecano 82, el libro de la periodista Grace Morales (entre otras cosas, fundadora del mítico fanzine Mondo Brutto), pretende arrojar luz sobre ese primer período en el que, en un abrir y cerrar de ojos, aquel trío llamado Jose María y Amigos que se presentó al concurso de TVE Gente Joven pasó a ser una refulgente estrella cuyo brillo duraría más de una década y llegaría a países como Francia, Italia o México. Lo hace con un tono equilibrado, dándole voz a fans y detractores, sin cortase en los aspectos sombríos o contradictorios de la formación, pero tampoco en el reconocimiento de su audacia. Todo ello lo sitúa en su época, contextualizándolo no solo en la música nacional e internacional del momento, sino en el marco de la política, la moda, la moral o el modo de hacer periodismo de entonces. Aunque a veces dé la sensación que se pierda en el análisis del entorno, al final cumple con su cometido: contestar preguntas y derrumbar mitos.

Pronto acierta con una de las claves. Lo hace dándole vueltas al mensaje del primer single del trío, Hoy no me puedo levantar, ese canto desganado a la resaca de un fin de semana. Se inserta dentro de una vida tan liviana y falta de preocupaciones reales como para que ello sea el principal motivo de preocupación. Morales lo sintetiza así: «Mecano representó e identificó la perfección los anhelos de quienes no tenían (no necesitaban) otras aspiraciones que esas: la incomprensión y los miedos del adolescente, arquetipos del siglo XX en la música y en la cultura popular, pero aplicados a un momento y un público que, como ellos, apenas llega a crecer interiormente y se instala en un mundo repleto de objetivos sentimentales, evocadores, de consumo y ocio».

Esa postura, les hizo ganar enemigos desde el minuto uno. Y aunque en la Movida no predominasen los hijos de la clase trabajadora precisamente, el sambenito pijo (seguido del de ñoño) quedó tatuado a perpetuidad en la piel del grupo. Sirva como ejemplo, la reacción que el locutor de Radio 3 Jesús Ordovás tuvo ante la primera escucha del sencillo. La de una total indignación al comprobar que la resaca a la que aludía procedía de una bebida tan innacesible a un joven entonces como el champán.

No es Ordovás el único periodista que lanza dardos al grupo. Patricia Godes, otro de los referentes de la crítica de la época, no escatima en latigazos al grupo, especialmente a Ana Torroja. «Mi reacción fue descalificarles -dice en el libro en referencia al día en el que llegó a sus manos el single de Hoy no me puedo levantar-: un grupo de CBS que no sabía vestirse y se les nota que se han disfrazado para la portada». Al respecto, Morales dedica muchas páginas a analizar el impactante look con el que apareció el grupo. Deudor del estilo New Romantic, tiraba del barroquismo y la ambigüedad. Y, al parecer, todo especialmente forzado. Otro reproche más a sumar a una extensa lista de ellos venidos, en gran parte, de músicos de bandas de la Movida.

Sin embargo, con el paso del tiempo los prejuicios se van diluyendo y aparece otra generación de músicos dispuestos a aplaudir aquel pop naíf que puso voz a la angustia y alegría de toda una generación. Si en los noventa El Niño Gusano los honraron con una versión de Hawaii- Bombay y Astrud bien pudieran rendirle un homenaje en la cubierta de Mi fracaso personal, Mecano 82 recoge las reflexiones de artistas actuales. Fran Nixon, por ejemplo, aplaude su valentía a la hora de lanzar ripios tipo «Allí me colé, en tu fiesta me planté». Una vez escuchados, se quedaron grabados de por vida.

Pero, por encima de todo, Mecano fueron grandes por sus canciones y por el alcance masivo de estas. Al final, tras más de 250 páginas, la conclusión definitiva es que temas como Perdido en mi habitación, Me colé en una fiesta y Hoy no me puedo levantar se convirtieron en himnos que apelaban a lo que Grace Morales llama «lo normal». Sí, la gente común, la que disfruta de la música sin más y solo hace diferencias entre la que le gusta y la que no le gusta. Y, a la vista está, muchos optaron por lo primero. Aunque los redactores de la historia, a veces, intenten convencernos de todo lo contrario.

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