Directores y padres: «O pouco agrada, o moito enfada»

Responsables de los centros y progenitores apoyan los deberes como refuerzo y sin excesos

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Deberes sí, pero hasta cierto punto. Directores de colegios y padres consultados por La Voz defienden las tareas en casa, pero como un refuerzo y apoyo y siempre que no saturen al niño.

«Simplemente hai que ter sentido común», indica el director del colegio de Vilarmide (Muxía), Eduardo Noya Fernández, con más de cuarenta años en el centro. En Vilarmide estudian y cuando toca hacer deberes es «para reforzar o que se fixo na clase». Noya señala que la normativa «é moi clara», pero que igual que dice que un escolar de primaria no debe tener deberes, también abre la puerta a utilizarlos como refuerzo.

Apoyo y hábito

Refuerzo, apoyo y hábito son el mantra de los responsables de los centros. «El trabajo del profesor debe tener un refuerzo en casa, pero respetando las horas de descanso», señala Enyd Fernández, directora del colegio Ferroviario de Monforte, que también destaca que muchos alumnos están desbordados porque afrontan los deberes tras un sinfín de actividades extraescolares.

«No es lógico que un alumno que pasa cinco horas en el centro tenga la tarde ocupada. Estoy en contra del concepto deber como obligación, pero no de que se ponga algún tipo de actividad de apoyo, sobre todo, si es de carácter lúdico. Hay que tener en cuenta la edad y ser flexibles», explica Vicente Fernández, director del CEIP Álvarez Limeses, de Pontevedra. «Os deberes dentro dun límite crean hábitos de estudio, facer un horario, acostumarse a adicarlle tempo ao estudio», apunta Ernesto Fernández Guerra, director del colegio de Rodeiro, que cree que así se refuerzan materias como Matemáticas y Lengua.

Guillermo Rodríguez Gómez, director del colegio Amadeo Rodríguez Barroso, en Ourense, cree que las tareas sirven para consolidar «o traballo do escolar na casa e tamén para asentar o aprendizaxe». Pero agrega que hay que diversificar por ciclos, porque cree que para los pequeños es suficiente con «ler ou escribir algo». De hecho, los niños de 1.º y 2.º de primaria del CEIP Santa María, de Ferreira do Valadouro, no tienen deberes. Enrique Penabad, director del centro, explica que a los otros dos ciclos les piden que concluyan en casa tareas que no acabaron y que repasen: «Recomendamos aos pais destes ciclos que intenten fomentar o hábito de estudo nos nenos; media hora ou unha hora diaria, dependendo da idade».

Rosa López, directora del Colexio Martín Códax, de Vigo, manifiesta que en su centro «en infantil y en el primer ciclo de primaria, con el trabajo en clase ya tiene que ser suficiente. A medida que los alumnos van creciendo y ganando en autonomía sí que puede empezar proporcionalmente, pero que nunca puede superar, por ejemplo, una hora de deberes en el segundo ciclo. A partir del tercer ciclo ya sí que es normal que tengan deberes de una manera más continuada». Francis Molinos, del colegio Alexandre Rodríguez Cadarso, de Noia, ve necesarias las tareas para alumnos de los cursos más próximos a la ESO: «Si no se acostumbran, el cambio en secundaria es enorme».

Un punto de encuentro

Miguel Anxo Casteleiro, director del colegio de Ponzos (Ferrol), señala que «a lei é a lei» y que el problema está en el exceso. «Os deberes cando non son en exceso axudan aos nenos a organizarse e motivan un punto de encontro entre pais e fillos». Y concluye: «Como se di, o pouco agrada e o moito enfada».

Remedios González (50 años), directora del CEIP Otero Pedrayo de Rábade (Lugo), apunta que en su colegio «nunca houbo problemas cos deberes e ningún pai nin mestre se queixou» porque son tareas que no acaban en clase y no suponen una gran carga.

¿Y qué dicen los padres? Argumentos parecidos a las reflexiones de los directores. Gerardo López, de Lalín, asegura que «non hai que lexislalo todo» y agrega que los deberes «sempre que sexan racionais son interesantes». El lucense Martín Fernández, padre de un niño de ocho años y presidente de la ANPA de su colegio, apuesta por el equilibrio: «Os cativos teñen que ter tempo para xogar, pero é importante que aprendan a ser responsables e os deberes axudan». También defienden el «término medio» Luisa, ferrolana y con dos hijas, y Susana Amaro, monfortina con dos niños en primaria, que ve una exageración «mandar cuarenta ejercicios para casa, como parece que pasó en Oleiros». Ángela Leis, de Ribeira, cree que unos pocos deberes están bien, pero no «25 problemas». Marcos Paz, padre de una alumna de primaria, se queja de que «os rapaces veñen con bastantes deberes» y es difícil conciliar: «Eu podo botar unha man, máis hai outros pais que o teñen máis difícil». Luisa Piñeira, madre de una niña, cree que «hai que fomentar o hábito do estudo pensando no esforzo que farán no instituto» y vería mal que no les encargaran nada.

La carballesa Dores Silveira, licenciada en Filoloxía Galega que trabaja en la Asociación Socio-Pedagóxica Galega, considera «unha aberración» las tareas de su hijo, que está en infantil, y dice que los deberes deberían limitarse al último ciclo de primaria y para casos puntuales. Pedro Luis Fernández, con un hijo de nueve años, no quiere que «algúns mestres usen os deberes para suplir o que non lles dá tempo a facer na clase». Para el pontevedrés Alberto Pita, «no hay que machacar a los niños con un exceso de actividades». La viguesa Teresa Quiñones resume: «Estoy a favor de los deberes, pero proporcionados. Y que sirvan de aliciente para que estudien».

Información elaborada por C. Abelleira, C. Barral, M. Cuadrado, L. Díaz, R. Iglesias, J. M. García, L. López, R. Pérez, B. R. Sotelino y A. Urgorri

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