Las renuncias a heredar subieron un 137 % en Galicia con la crisis

Fincas e inmuebles llevan aparejadas muchas veces deudas disuasorias


Redacción / La Voz

No hace falta ser Enrique Iglesias para rechazar una herencia. La renuncia del hijo de Julio Iglesias, por desavenencias con su padre, dio la vuelta al mundo el año pasado cuando no aceptó que su progenitor le cediese en vida la parte correspondiente a una fortuna valorada en 3.800 millones de euros. Numerosos gallegos están renunciando también a sus herencias desde que empezó la crisis, aunque por causas bien distintas.

Las sucesiones, sobre todo las consistentes en fincas o inmuebles, llevan aparejadas muchas veces deudas importantes que las convierten en caramelos envenenados.

Isidoro Calvo, secretario del Ilustre Colegio Notarial de Galicia, explica la situación con un ejemplo real. Se trata de un matrimonio al que, por fallecimiento de un hijo, les correspondía heredar una casa en la costa. El inmueble había costado mucho dinero en tiempos de bonanza y quedaban por pagar aún 200.000 euros de la hipoteca. Pero su valor tras la muerte del propietario, ya en pleno batacazo del ladrillo, no llegaba a 120.000.

El matrimonio se planteó entonces renunciar a él para no quedarse con semejante pufo, pero el problema era que la herencia pasaría a sus otros hijos, hermanos del difunto. Ellos podrían renunciar también, pero uno de ellos tiene una hija pequeña que se convertiría igualmente en heredera. En su caso, por ser menor, la renuncia precisaría una autorización judicial especial; más burocracia.

Isidoro Calvo, con 18 años de experiencia a sus espaldas, asegura que las renuncias a herencias eran «casi inexistentes» hasta el año 2007. Hoy son «bastante frecuentes». Los datos del Consejo General del Notariado, detallados en el gráfico de esta página, avalan su observación. Los rechazos se incrementaron un 137 % en Galicia entre el 2007 y el 2012 (544 frente a 1.291). Los de esta comunidad fueron el 5,5 % de todos los tramitados en el país durante el año pasado.

A beneficio de inventario

La solución que recomiendan los notarios, y que fue el salvavidas al que se agarró el matrimonio del ejemplo anterior, es recibir el legado a beneficio de inventario. Esto equivale en la práctica a responder de las deudas y demás cargas hasta donde alcanzan los bienes incluidos en ella. Es decir, que vendieron la casa de su hijo y perdieron solo el dinero obtenido en esa operación, aunque la deuda no quedase cubierta por completo.

Esta es la fórmula a la que se acoge también la Administración, a la que corresponde finalmente el bien cuando no existen herederos o cuando todos ellos renuncian; un hecho improbable «porque siempre aparece alguno», explica Elena Loira, notaria en Negreira. Loira da cuenta de otro tipo de renuncia, «menos frecuente», que se produce cuando existen «dudas sobre el bien» legado.

Veamos un ejemplo: la clásica casa ruinosa «en medio de una población», que alguien hereda «de su bisabuelo o de un pariente lejano». Pero esos beneficiarios se percatan de que el inmueble está realmente deteriorado y lo rechazan «por miedo a que se caiga y cause desperfectos», pues la responsabilidad también se traspasa, así que serían ellos quienes respondiesen de daños personales o materiales.

Si los herederos se acogen al beneficio de inventario (solo responden con el valor de lo heredado) y si el dinero obtenido con el bien transmitido no alcanza para cubrir las deudas, son los acreedores del difunto los perjudicados, pues se quedan sin cobrar. En ese caso, el asunto se convierte en la práctica «en un proceso concursal», explica Calvo, en el que se establece un orden de prioridades, con Hacienda en primer término.

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