Así se formaron las rías gallegas

Las Baixas se crearon hace 110 millones de años, las Altas hace 25, y las Medias, cinco


redacción / la voz

Ferdinand Von Richthofen, el tío del famoso Baron Rojo, fue el que las dio nombre en 1886. En su viaje alrededor del mundo para estudiar los distintos tipos de costa se encontró en Galicia con algo nunca visto, aunque realmente no sean algo exclusivo de la comunidad. Eran las rías, un accidente geográfico formado por la inundación marina del curso final de un río. La definición se mantiene, pero un nuevo estudio realizado por el director del Instituto de Geología Isidro Parga Pondal de la Universidade de A Coruña, Juan Ramón Vidal Romaní, arroja nueva luz sobre su historia y formación.

También, por primera vez, se ha datado su antigüedad. Y aquí surgen las primeras sorpresas, más que nada por las enormes diferencias en el tiempo en que se crearon unas y otras. Las más antiguas son las Rías Baixas, que datan de hace 110 millones de años. Mucho más tarde, hace 24 millones, surgieron las Rías Altas y el proceso culminó hace tan solo cinco millones con la irrupción de las Medias, cuya constitución coincide con la formación del río Miño.

Una ría, por lo general, se forma por la inundación del curso final de un río causada por el hundimiento del borde costero, por una subida del nivel de mar o por ambos sucesos a la vez. A esta hipótesis hay que añadirle ahora un nuevo matiz: en Galicia, el factor determinante que propició su creación fue la inundación por la subida del nivel del mar a causa de la fusión del agua de los polos. Y lo más paradójico es que ocurrió en un momento en que la corteza terrestre gallega se estaba levantando, un proceso geológico que continúa en la actualidad. «Antes se pensaba que las rías gallegas se formaron porque la costa se había hundido, pero ahora se sabe que el proceso decisivo fue el aumento del nivel del mar», dice Vidal Romaní.

Rías secas

En la fisonomía de la actual costa gallega existe otro proceso geológico decisivo que da respuesta a la gran pregunta: ¿cómo es posible que el mayor río de Galicia, el Miño, no desemboque en una ría? La clave está en el levantamiento de la Cordillera Cantábrica, la cadena montañosa que emerge hasta alcanzar su altura actual hace entre 65 y 23 millones de años y que, a diferencia de lo que aún cuentan los libros de geografía, no acaba en el triángulo Becerreá-Sarriá-Triacastela, sino que enlaza en otra estructura tectónica llamada Corredor de Ourense, que llega a Celanova. Allí se divide en dos ramas: una que sigue paralela a la frontera entre Galicia y Portugal desde la depresión Budiño-Tui hasta A Guardia y Camiña, y otra, más al sur, desde Lindoso, en el Xurés, hasta Viana do Castelo. En el Corredor de Ourense, la Cordillera Cantábrica no se levanta, sino que se hunde, lo que forma las cuencas terciarias gallegas y provoca el desvío de las aguas de varios ríos. Así es cómo se formó el Miño. Solo que en el tramo final de la Cadena Cantábrica, por donde ya corrían el Miño y el Lima, se produce un levantamiento del continente, lo que impidió que ambos lechos, pese a su gran caudal, pudieran excavar sus cauces y, por tanto, ser inundados por el mar. Ahora se les conoce como Rías Secas.

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