Bergoglio: el hombre, el cura, el político

El Nobel de la Paz Pérez Esquivel: «No fue cómplice de la dictaudra»


buenos aires / corresponsal

Argentina está revolucionada y las historias de Jorge Bergoglio, desde su juventud hasta sus últimos días como arzobispo bonaerense ocupan todos los medios de comunicación. El hombre, el sacerdote y el político se mezclan para intentar conformar una imagen definitiva de un sacerdote muy particular.

Lo primero es saber si se le puede acusar de cómplice de la dictadura, y en ese sentido hay una opinión autorizada y respetada por todos que lo deja claro. El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, argentino también, celebró su designación como papa y negó que haya tenido vínculos con la dictadura: «Hubo obispos que fueron cómplices, pero él no». Y añadió: «A Bergoglio se lo cuestiona que no hiciese lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía». Otro testimonio mantiene esta línea. Una mujer contó el caso de un joven miembro de una reconocida familia de Buenos Aires, que estaba buscado por la policía; acudió al jesuita porque temía que con su nombre lo detuvieran en la frontera y este le dio una sotana y le entregó su propio documento para que pudiera huir.

Que a Bergoglio no le importa llevarse mal con el poder lo saben muy bien los Kirchner. Tanto que su elección no pudo haber caído peor en el Gobierno de Cristina Fernández, y el anuncio del cardenal Tauran despertó exclamaciones de reprobación, estupor y sorpresa en la Casa de Gobierno. Solo dos horas después, Cristina reaccionó y difundió una carta, escueta y distante, con una felicitación y deseos de suerte y una «fructífera tarea pastoral». Fuentes de su entorno apuntaron que «Bergoglio ya dejó de ser Bergoglio... ahora es el papa» y al poco después se filtraban desde las filas del oficialismo los rumores que lo vinculaban con la dictadura.

Con el padre Pepe

Si la política siempre ha estado ahí, el eje de la vida del papa ha sido la pobreza. Como arzobispo, trabajó junto a los pobres, y su tarea en las villas miseria -asentamiento de chabolas- fue continua. Está el caso del cura José María Pepe di Paola, que trabajaba en el barrio de Barracas combatiendo a los vendedores de droga. El pontífice estuvo siempre a su lado hasta que, como su superior, lo obligó a abandonar el lugar para seguir haciendo su tarea en Santiago del Estero, al norte del país, tras recibir varias amenazas de muerte por parte de narcos.

Bergoglio denunció que Di Paola «fue amenazado» tras suscribir un documento advirtiendo que la droga «está despenalizada de hecho» en estos asentamientos. El día de la despedida del padre Pepe, el arzobispo ofició una misa en la villa y en su mensaje dijo que el cura «fue una persona que siempre dio la cara por su gente, animado por su amor a Jesús».

Pero a Francisco también se le conocen historias más humanas, como el amor que sentía hacia su abuela Rosa Bergoglio, quien le transmitió sus costumbres del Piamonte. Y aunque sus padres eran muy religiosos, la madre no quería que su hijo fuese cura y estuvo años sin ir a visitarlo al seminario. Regina María Sívori, que así se llamaba ella, se quedó paralítica tras su quinto parto y eso cambió la vida de la familia. «Todos los hermanos sabemos hacer por lo menos filetes empanados», contaba el entonces obispo, gracias a las indicaciones de la madre. ¿Es un buen cocinero el papa? Él mismo zanja el asunto: «Nunca maté a nadie».

Tal vez de su juventud el episodio que más le marcó fue la infección que le costó medio pulmón y lo acercó a la muerte. Para superar el problema, le trataban con unas sondas que le provocaban dolores terribles, que ninguna palabra podía aligerar. Entonces una monja le dio la respuesta: «Con tu dolor, estás imitando a Jesús».

También conoció el comunismo en su juventud, por su jefa en un laboratorio, que era una combativa simpatizante -desaparecida durante la dictadura- y despertó su gusto por la política, no militante, sino como como objeto de estudio.

las anécdotas que hablan de la vida de francisco

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