La renuncia del papa Benedicto XVI: Un cónclave en la era Twitter

La cuenta @Pontifex, que el papa estrenó el pasado 12 de diciembre, quedará inactiva a partir de este jueves a las ocho de la tarde


M.V. / Agencias

Aunque recordemos con claridad la fumata blanca del año 2005 y la mayoría seamos capaces de decir dónde nos encontrábamos en aquella época, incluso en el momento en el que los cardenales escogieron al candidato alemán Joseph Ratzinger como cabeza de la Iglesia católica, los tiempos han cambiado mucho desde hace ocho años. Sobre todo, la forma de comunicarnos, de relacionarnos socialmente a través de Internet, de interactuar de forma virtual. Y con la sociedad, la Iglesia, a su ritmo, se ha visto obligada a adaptarse a las nuevas tecnologías, a los hábitos adquiridos como resultado de una casi obsesiva dependencia a las tabletas y los teléfonos móviles. Tanto es así que Benedicto XVI, que este jueves hará oficial su renuncia como papa, decidió a finales del año pasado poner un pie en la red más incendiaria, crítica y propiamente social, Twitter. Benedicto XVI y su equipo vieron claro que la figura que representaba Ratzinger debía bajar a la arena y sumarse a los «modernos» medios de propagación y difusión de todo cuanto ocurre de una punta a otra del mundo. Y ahí estaba Twitter. Un vehículo tan válido como otro cualquiera, o incluso más, para transmitir el mensaje cristiano. Para llegar a los más inaccesibles, para intentar demostrar que la Iglesia no nada a contracorriente ni se queda atrás. La conversión digital del papa llegó con el estreno de la cuenta @pontifex (papa, constructor de puentes), asesorada por una agencia de comunicación española, que, completamente vacía, antes de echar a andar con su primer tweet el 12 del 12 del 2012, contaba ya con más de 200.000 seguidores.

«Queridos amigos, me uno a vosotros a través de Twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo a todos vosotros con todo mi corazón». Con este mensaje, primero en inglés y después en los otros siete idiomas de su cuenta oficial -español, portugués, italiano, francés, polaco, alemán y árabe- comenzaba Benedicto XVI su andadura en las aguas de Twitter, un camino que ha mantenido a un paso constante estos dos últimos meses, alcanzando más del millón y medio de seguidores en su perfil en inglés y tuiteando, al menos, un mensaje cada tres o cuatro días.

Con un canal del Vaticano ya abierto en la plataforma de vídeos Youtube, Twitter se convirtió en el nuevo desafío del Vaticano, que, tras anunciar a bombo y platillo el aterrizaje de Benedicto XVI en la red social del pajarito azul, se dispuso a darle fuelle a la cuenta @pontifex. El papa pasó de escribir su primer tweet a revisar y dar el visto bueno a los mensajes que redactaba y las preguntas que respondía el equipo que le rodeaba cada miércoles al mediodía tras sus audiencias públicas. Los tweets comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes y, si bien la cuenta de Benedicto XVI recibía una considerable cantidad de mensajes insultantes, les ganaban de largo los tweets de apoyo y cariño hacia su figura en particular y la Iglesia en general. Pero entonces, en medio de la estrategia social de los community managers vaticanos, el papa anuncia su renuncia. Su falta de fuerzas. Su retiro voluntario.

Se despidió hoy Benedicto XVI de sus fieles bajo el cielo azul romano que cubría la plaza de San Pedro. En su última audiencia pública, sin embargo, el eco de los tuiteros, convocados desde algunas cuentas para decirles adiós al Santo Padre, no fue suficiente como para alzarse a la categoría de trending topic. Cuando Joseph Ratzinger abandone mañana el pontificado, a las ocho de la tarde, quedará congelada e inactiva su cuenta en la red de los 140 caracteres hasta, al menos, la elección de un nuevo papa, según ha informado la Radio Vaticana.

De momento no está claro si el nuevo pontífice elegido en el Cónclave continuará utilizando el pionero perfil eclesiástico en Twitter o dejará desamparados a los casi tres millones de seguidores -repartidos en sus nueve cuentas- que Benedicto XVI ha cosechado estos últimos meses. Esta cifra, que parece inmensa, le deja sin embargo muy lejos de los «profetas» de la música pop, como Justin Bieber, Lady Gaga o Katy Perry, que cuentan con más de 30 millones de seguidores en la telaraña virtual de Twitter.

Dicho el adiós en la plaza vaticana, Benedicto XVI también ha querido despedirse de sus apoyos en la red social. El último mensaje lo ha escrito hoy mismo: el deseo de que todo el mundo experimente «la alegría de ser cristiano». «Quisiera que cada uno de vosotros experimentara la alegría de ser cristiano, de sentirse amado por Dios, que nos ha enviado a su Hijo».

Pero ahora, cuando parecía que la tormenta había pasado, comienza un nuevo reto estrechamente vinculado a Twitter. ¿Cómo se desarrollará el inmediato cónclave en la era de las redes sociales? ¿Cómo afrontarán aquellos cardenales más activos en la Red la obligada incomunicación que les exige el encierro para elegir sucesor a Benedicto XVI?

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