Shakira: De la supermami al posparto ficción

Ha sido una de las últimas en hacerlo: mantener el tipo en el posparto; dicen que con ayuda del «mommy makeover», retoques de cirugía plástica hasta donde puede el bisturí. Del resto suele encargarse el Photoshop


La Voz

El mommy makeover acaba de cruzar el charco como una de las últimas tendencias para mantener el tipo tras el embarazo. Entre sus importadoras está la cantante Shakira, que, tras la llegada al mundo de Milan, se ha decidido a ser una mamá remodelada. Este es uno de los calcos que podrían dar acomodo en español al anglicismo. El mommy makeover engloba una serie de técnicas de cirugía plástica dirigidas a corregir la silueta materna después del proceso de transformación al que la exponen el embarazo y el parto. Una expresión con gancho para algo que «es puro márketing», advierte María Encina Sánchez Lagarejo, especialista en cirugía plástica.

La supuesta decisión de Shakira de contar con un cirujano plástico para retocar su figura en el momento inmediatamente posterior al parto, en su caso una cesárea programada para el pasado 22 de enero, ha desatado la polémica. La razón, doble: la práctica de una cesárea electiva y la elección de la ocasión para recurrir a la cirugía plástica. «Con todos mis respetos a la señora Shakira y con reserva hacia los profesionales que la han atendido, no me parece el momento», afirma el ginecólogo Enrique Segrelles.

«Ningún ginecólogo ni ningún cirujano plástico con dos dedos de frente se expondría a los riesgos que conlleva»

Comparte el dictamen la doctora Sánchez Lagarejo, quien advierte que en ningún caso las horas o los días posteriores al parto son los adecuadas para llevar a cabo una intervención de cirugía estética. «Ningún ginecólogo ni ningún cirujano plástico con dos dedos de frente se expondría a los riesgos que conlleva. Es necesario dejar que el cuerpo de la mujer se recupere y vuelva a sus condiciones normales, pues de hacerlo antes hay muchos más riesgos de que surja un problema, como un embolismo, por ejemplo. Además, cualquier cirugía que se haga antes del tercer o cuarto mes después del parto está abocada al fracaso», asevera la especialista.

Superado el posparto, «ya puede entrar el cirujano plástico, que tiene mucho que decir a la hora de revertir el cuerpo de la mujer» a su forma natural, puntualiza.

Según el director médico de la Clínica Segrelles -con un equipo en eclosión de ocho ginecólogos, cinco de ellos mujeres, bajo la dirección de José Manuel García-Consuegra- el obstetra, por su parte, debe abstenerse de excentricidades. «Tiene que ir por donde pisa el buey, por lugar seguro», apunta Segrelles, quien dice que en el mejor de los casos la naturaleza devuelve a la mujer en tres o cuatro meses a su estado anterior a la gestación. En cuanto al parto, «lo que debe perseguir el obstetra es siempre lo mejor para el binomio madre-hijo, y, si lo mejor es un parto vaginal, no se puede llevar a cabo una cesárea, porque en este caso lo que hace el profesional es prostituirse», sentencia.

Con prácticas como las que se atribuyen a la colombiana de Barranquilla, entramos en la era del posparto ficción. Makeovers de especialista aparte, ¿es posible conseguir una figura de portada a las horas, días o incluso semanas de haber dado a luz? «Eso es ciencia ficción», zanja Enrique Segrelles. Ni dietas libres de grasas saturadas ni series de ejercicios abdominales practicadas con denuedo obran milagros. El especialista en obstetricia advierte que hay cosas que se ven en las que no se debe creer. Los expertos insisten en que buena alimentación y práctica de ejercicio ayudan. En especial, si se dispone de tiempo para ambas cosas. Hay que tener en cuenta que las mujeres que acostumbran salir en las portadas de las revistas viven de su imagen, como las top models, «que se cuidan durante el embarazo para no ganar peso y luego, tras dar a luz, pasan muchas horas en el gimnasio», apunta María Encina Sánchez.

Retoques reales o digitales

Larga es la sombra del Photoshop, que últimamente ha planeado sobre supermamás tan célebres como Beyoncé. En unas imágenes para la campaña publicitaria de una firma de ropa, la intérprete de Halo aparece, pasados siete meses de haber dado a luz, sin rastro de voluptuosidad, sin parte de esas caderas que solían caracterizarla. El retoque digital ha hecho historia, dejando varias imágenes para el recuerdo, como el brazo mutilado a una modelo en el afán de raer carne hasta el hueso, el cuello jirafesco que lucía en portada una actriz de proporciones aparentemente áureas y otros desajustes notables entre diversas partes del cuerpo o en aspectos como la textura o el color de la piel. «Hay Photoshop, pero es lo que vende: las caras como máscaras. No son reales. Tampoco lo es que un lifting te lo haga una crema. Ni yo haciendo una cirugía de cuatro horas consigo los efectos que la publicidad atribuye a algunos productos», explica la especialista de De Corps.

Aplicado a la figura de las mujeres que han dado a luz recientemente, el Phosotshop ha derivado (por usar un verbo laxo) en partoshop. Es este un nuevo concepto acuñado por la prensa para una práctica que tiene unos años y que no sorprenderá a quien haya tenido ocasión de ver a la celebrity Kourtney Kardashian en dos imágenes a primera vista iguales, pero con una diferencia de peso. En el número de la revista Ok! que ofrece en portada el posado de la recién parida modelo con su pequeña Penélope en brazos, no hay rastro de la barriguita que muestra al público en la foto original Kourtney Kardashian, que tuvo el detalle de revelar la verdad a la afición en la Red. Si hay algo de cierto en eso de que la hija roba la belleza de la madre, no es menos veraz que esta se resiste cada vez más a las decisiones estrictamente naturales, asumiendo a cada paso un mayor protagonismo en la presentación al público del ser que ha logrado traer a un mundo muy sensible al impacto de la imagen.

Azar genético aparte, fitness y yoga ayudaron a Miranda Kerr a recuperarse de la gestación y el parto de su primer hijo. A veces no hay otro secreto, según el ángel de Victoria, que engordó, al parecer, unos 20 kilos durante el embarazo. Dicen que Penélope Cruz, que espera su segundo hijo, rebasó ligeramente el intervalo estándar de subida aconsejable durante el embarazo. En ese período «el aumento de kilos siempre depende de de dónde partimos -aclara Segrelles-. El médico, independientemente de modas, debe diferenciar aquellas cosas en las que debe ser permisivo de aquellas en las que debe ser estricto. Cuando la embarazada es una mujer de bajo peso, mejor que aumente algo más de 9-11 kilos. Si una embarazada sana, de peso normal, quiere comer y engorda más de 12 kilos, que coma». Ya se cuidará de aplicar después la táctica de «menos plato y más zapato». ¿Y qué hay de esas mujeres de estilizada figura que engordan solo seis kilos en el embarazo? «Eso -afirma-es una barbaridad». Hablamos de mujeres sanas. Hechas de carne y hueso.

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