El esmoquin de Messi, ¿golazo o fallo clamoroso?

Alfonso Andrade Lago
alfonso andrade REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

09 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Maravilloso o espeluznante. Parece que no hay término medio para juzgar el esmoquin de lunares que Lionel Messi lució durante la gala del Balón de Oro, que ha dado la vuelta al mundo por Internet y está siendo tan comentado como el propio premio. Las redes sociales elevan a los cielos el diseño exclusivo de Dolce & Gabbana (D&G) o, por el contrario, abominan de «un traje de faralaes» inspirado en «el tablero del Comecocos».

Joya o adefesio, lo cierto es que en D&G le ha metido un golazo a la competencia al asociar un diseño propio al futbolista más mediático del planeta. En la velada, la firma italiana vestía también a Gerard Piqué, Sergio Ramos y la novia de este, Pilar Rubio.

El conjunto de Messi está formado por dos piezas, un pantalón negro de esmoquin y una chaqueta de corte Sicilia, todo un clásico de esta marca originaria de esa isla con el que sus responsables pretenden «evocar la herencia» de esa zona del país, como confirmaron a La Voz de Galicia fuentes de D&G. Los lunares de la chaqueta, que se repiten en la pajarita, son también un sello de identidad de la firma, que utiliza estos topos tanto para hombre como para mujer.

El corte del esmoquin es idéntico al del que Messi había llevado a la gala el año anterior, solo que en aquella ocasión era de color burdeos.

Según las mismas fuentes, parte del forro interior de la chaqueta es transparente para que pueda apreciarse la complejidad del diseño, y la solapa triangula de una manera especial para «resaltar mejor la figura» del que la viste.

¿Y qué opinan los profesionales gallegos de la moda acerca de la elección del argentino? Pues el resultado es similar al observado en Internet: no existe un término medio, el esmoquin asombra o asusta. Entre los más fervorosos defensores del invento está el diseñador Antonio Pernas, para quien se trata simplemente de «una joya».

Además del sugerente paralelismo entre los lunares y los balones de fútbol, Pernas considera que hay una simbología «navideña», acorde con la época del año y la propia gala: «El negro de la noche, los copos de nieve, el dorado que aporta al conjunto el trofeo que recibe el jugador... Tanto la estética como la función del esmoquin están pensadas con maestría. Se puede decir que Messi iba de oro».

En cuanto al corte, «le quedaba como un guante y, a pesar de su corta estatura, el futbolista medía dos metros durante esa ceremonia. Estaba genial».

No hace la misma interpretación Francisco González, director de Imagen y Comunicación de Etiem, que observa dos problemas, «que el esmoquin no era adecuado para la gala» y que «el propio jugador carece de elegancia para llevarlo». Sugiere en ese sentido que «lo habría defendido mejor Xabi Alonso», en su opinión el más elegante de la noche. «El esmoquin es una prenda clásica -precisa-. Se pueden hacer fantasías, sí, pero Messi no es la persona adecuada para llevar eso», y sugiere que cualquier buen sastre de Barcelona podría haberle dado un aire muy elegante al futbolista.

Peor parado sale aún Cristiano Ronaldo que, según este experto, «parece que hereda los trajes del hermano mayor», porque no le quedan bien.

Desde un planteamiento similar, Florentino Cacheda, responsable de Florentino, considera en el caso de Messi que, «aunque la coordinación de colores es adecuada, el tejido de lunares no se corresponde con la importancia del acto. Los lunares, que están bien para la pajarita, nunca los utilizaríamos en la chaqueta. Sí parece adecuado para bailar un tango», añade.

El diseñador Ángel Nimo puntualiza que «cada uno debe ser consciente de sus limitaciones», y que no todos los futbolistas son «modelos de pasarela». Puede que «a alguno le quedase bien, pero no era la ocasión adecuada para vestirlo» por ser una gala seria. Sugiere como explicación a lo visto en Zúrich el título de una película, Quiero ser como Beckham, y advierte de que «una cosa es arriesgar y otra no mirarse al espejo antes de salir de casa». Para él, «la culpa es nuestra, de los diseñadores, por ofrecer ese traje para ese acto, y del futbolista por dejarse convencer».