Héctor Fernández Santos-Díez: «Hay curvas maravillosas»

A veces dispara su cámara sobre mojado: «La lluvia en Santiago es fotogénica»


redacción / la voz

Detrás de todo gran arquitecto hay un fotógrafo que revela las cualidades de sus proyectos, la luz, el espacio. Héctor Fernández Santos-Díez, coruñés nacido en Madrid (1973), es un referente de la fotografía de edificios en España y ha publicado en las mejores revistas nacionales e internacionales: Tectónica, Diseño Interior, Detail, Bauwelt, Casabella, Surface, Frame...

¿Cómo empezó a fotografiar edificios?

No hay un momento determinado. Mi padre es arquitecto y había laboratorio de blanco y negro en casa. Entonces ya desde niño empecé primero jugando con los químicos a positivar las fotos que hacía el, la mayoría eran de edificios; después, también de niño, empecé a hacer fotos, fundamentalmente en blanco y negro, y supongo que había mucha foto de edificio por ver lo que hacía él. Después tuve otra etapa, cuando entré en la Escuela de Arquitectura, que fotografiaba más a la gente que edificios, y después fui entrando otra vez en la fotografía de arquitectura y llegó un punto en que decidí especializarme.

¿Abandonó la carrera?

Sí, al final de todo, no me quedaría nada para acabar. A veces las carreras se te atragantan y disfruto más haciendo fotos de los edificios de otros que teniendo que resolver todos esos problemas yo. Fue también un poco casual. De repente estás un poco hastiado de ciertas cosas de la escuela y coincide que te encargan varias cosas a la vez, entras en contacto con revistas, empiezas a tener trabajo, lo pasas mejor... y te absorbe todo el tiempo.

¿Cuánto tiempo le lleva hacer un reportaje de arquitectura? ¿Qué proceso sigue?

Depende de muchas cosas: de qué es lo que quiere el cliente, de qué tipo de obra es, si es de interiorismo, un edificio mediano, pequeño, un gran edificio o un espacio público. Desde reportajes que me pueden llevar un par de horas, por ejemplo para hacer una tienda o un piso, a poder ir varios días a un mismo sitio para tener fotos con lluvia, con sol... Así que varía dependiendo de las necesidades que se quieran buscar. Lo habitual sería un día, llegar a un edificio por la mañana y salir por la noche, para tener fotos del sol por el este, por el oeste, tener todas las posibilidades de fotografiar una parte del edificio y estar allí cuando tiene la luz adecuada para hacerlo. Eso sería lo ideal.

¿Puede interesar hacer un foto con lluvia?

A veces lo piden, generalmente suele ser en espacios públicos. Tener solo las fotos con lluvia sería complicado, pero, por ejemplo, fotografiar la plaza de San Clemente de Santiago (un proyecto de remodelación ejecutado recientemente por Abalo Alonso Arquitectos) la mayoría son fotos con sol, también algún día con niebla y también hay fotos con lluvia porque los arquitectos lo necesitaban, porque las piedras del pavimento mojadas se ven de una manera distinta, se diferencian más colores unas de otras. Y también porque la lluvia en Santiago es fotogénica. Un edificio de hormigón visto, lo más probable es que un día de lluvia le quede muy mal, porque está mojado a trozos y parece suciedad, humedad...

Hay arquitectos a los que les gusta ese efecto, como Herzog y De Meuron.

Aún no he tenido un cliente así, pero sí.

Sus imágenes transmiten paz. ¿Cómo lo consigue?

Es algo bastante natural. Yo lo que intento es hacer unas fotos lo mejor compuestas que pueda y seguramente sobrias, para que no haya elementos que distraigan. Siempre se te puede colar algo, pero si vas con trípode y con tiempo es más probable que se te cuelen menos cosas y tienes todo el tiempo del mundo para hacer la mejor composición. Hay que tener mucho en cuenta que es lo que entra en la foto y lo que no, a qué parte llegan las líneas en los bordes de las fotos, ese tipo de cosas.

Luz, espacio, color... ¿Qué es lo más importante?

Es una unión de las tres cosas. A veces unas vienen antes y otras después, pero es evidente que yo voy a un espacio porque me lo piden, entonces mi razón de estar allí es documentar cómo es ese espacio, darle al arquitecto o a la constructora una serie de fotos con las que pueda explicarle a alguien ese espacio. Después estoy allí todo el día para hacer la foto con la mejor luz posible, la luz que mejor ayude a contar cómo es ese espacio. Y la forma más efectiva de hacer la foto es intentar que la composición sea la mejor posible. Habrá edificios que sean muy sobrios y haces una composición sobria, y otros que sean más recargados porque tienen más elementos y buscas una composición más confusa porque crees que es la lectura que debería tener ese espacio.

Al igual que la arquitectura, la fotografía puede reconocerse en las tres definiciones de Vitruvio: ?firmitas?, que sería la perfección técnica; ?utilitas?, el dar respuesta a la necesidad del arquitecto de mostrar su trabajo, y ?venustas?, la parte artística. ¿Cuál de ellas prima en su trabajo?

Lo mismo que se dice de Vitruvio: ¿Cuál está por encima de la otra? Las tres tienen que ir juntas, porque si no se va a quedar cojo. Sí es cierto que, me guste o no me guste el edificio, yo voy a intentar hacer la mejor foto posible, siempre va a ser así porque no soy yo el que tiene que juzgar el edificio. Yo estoy allí contratado para sacar todas esas bondades y ya llegará otro que diga si son merecedoras de salir en una revista o de un premio, o si simplemente la foto sirve para hacer un anuncio en prensa para vender una vivienda.

Pero igual que en la arquitectura, la utilidad debería estar por encima de la belleza, de la parte artística, porque si no se corre el riesgo de no responder a las necesidades del cliente.

Sí, ese tipo de fotos «bonitas» serían las que haría para mí, a lo mejor. Partimos de que en las fotos mías que se ven por ahí la «utilitas» ya va intrínseca en el motivo de hacer la foto. La parte técnica es el mínimo necesario para empezar a trabajar, yo tengo que ir con un equipo adecuado, con el tiempo necesario, intentar hacer la exposición correcta, después retocar en el ordenador para limar o retocar la foto en el sentido de que yo hago la exposición para tener toda la información en ese archivo pero después no se puede enseñar así sin más... Siempre habrá zonas de sombra que se pueden levantar, de luces que se pueden bajar, de fotos que habrá que unir porque necesitas borrar a gente o poner gente.

¿Entonces hay un tratamiento de edición posterior?

Sí, en todas, hasta en la más simple. Hay algunas que solo es mover una curva en el histograma. En otras, por ejemplo, fotos de espacios públicos o edificios en las que me piden que se vean los usuarios de ese espacio, interactuando con el, etcétera. Entonces llegar y que todo el mundo esté en su sitio perfecto y que no salga gente cortada en la foto es complicado. Lo que acabas haciendo es, tú tienes la cámara en el trípode y haces varias fotos: ahora me gusta una persona que pasa por ahí y disparo, ahora me gusta otra persona que está subiendo por otro lado y disparo; luego esas fotos, como la cámara está sobre el trípode y no se ha movido, yo las puedo poner una encima de la otra y coinciden perfectamente, solo es borrar partes de una foto para dejar ver la de atrás, ir rescatando personas de otra foto... No es que se cojan como los bloques de AutoCAD y tienes el bloque de personas y lo añades.

Los arquitectos suelen ser muy celosos de su obra. ¿Le dan indicaciones, le dicen qué zonas debe fotografiar o le dejan total libertad?

Hay de todo, hay gente que solo me dice tal hora en tal dirección y que vaya; hay otros arquitectos que vamos juntos a la obra, incluso sin acabar, me cuentan lo que querían hacer, con qué están más contentos, lo que creen que habría que reflejar o centrarse más. Desde luego, cuanto más me cuenten, más fácil es mi trabajo. Pero siempre va a haber un cierto análisis posterior de cómo trasladar todas esas cuestiones del lenguaje arquitectónico a un lenguaje fotográfico.

La mayoría de sus fotografías son del edificio recién terminado, vacío de mobiliario, sin gente. ¿No cree que se da una imagen un tanto artificial? Los edificios están para ser usados, vividos, y es la forma en que la gente los utiliza la que les aporta su sentido.

Sí y no. Es cierto que los edificios vacíos pueden transmitir esa sensación, y con gente son más vividos y tal. La fotografía de arquitectura con gente a veces puede caer en que te fijes más en la gente que en el edificio. A mí sí que me gusta meter a alguien, pero colgándolo en un sitio muy determinado. Por ahí hay fotos que al final lo que estás mirando es qué está haciendo la gente y pasas bastante del edificio. La verdad es que me gustan las fotos de edificios vacíos, por un lado. Y después, tengo encargos que me piden que se hagan las fotos antes de que se metan los muebles porque no se ha dejado al arquitecto participar en la decisión de cómo será el mobiliario y a veces es desastroso, o simplemente saben que le van a modificar el edificio en cuanto entre en uso. A veces no hay gente en mis fotos porque no hay nadie, estoy solo; me abren el edificio, me dan la llave y estoy solo todo el día, entonces es complicado sacar fotos con gente aun que quisiese. Pero reconozco que me gusta la foto de arquitectura más pura, no tanto de contexto.

Pero hay muchas fotografías en revistas de arquitectura y de diseño que parecen irreales, un simple escaparate de minimalismo al servicio del autor del proyecto.

Sí, pero las otras también me parecen irreales, tú coges las fotos de Shulman (Julius Shulman, conocido por su extensa documentación de las case study houses y viviendas modernas de la California de los años 50 y 60) por ejemplo y son anuncios del sueño americano, está la gente toda perfectamente colocada, con unas faldas perfectamente estiradas en los sofás, incluso alguno se aprecia que está andando por una pasarela y que está quieto y sonriente con la sonrisa fingida de «voy a salir en la revista». O sea, que tanto pueden ser artificiales tanto unas como otras.

¿Shulman es su referente?

Prefiero a Ezra Stoller. Si simplificamos mucho, tiene menos gente. Shulman se enfocaba más a la idea de yo estaba haciendo un anuncio para revistas de estilismo y entonces tiene esa parte de anuncio del sueño americano y tal, y a Stoller le importa menos el estilo de vida, lo que me importa es el edificio y cómo plasmarlo. Son contemporáneos.

¿Qué edificio le gustaría fotografiar (que no lo haya hecho ya)?

Muchísimos, no sabría ni por dónde empezar. No soy mitómano, desde luego que me encantan muchísimos arquitectos, pero no me moriría por fotografiar la obra de una persona. Soy más pragmático, estoy encantado con fotografiar lo que me dejen.

¿Prefiere la línea recta o la curva?

Depende. Hay líneas rectas perfectas y otras aburridísimas y hay curvas a las que no le encuentro sentido y otras, como las de la terminal de la TWA de Stoller son maravillosas, curva contra curva. Cuando yo hacía proyectos en la carrera tendía más a hacer líneas rectas.

¿No le atrae otro tipo de fotografía? Retratar personas, en lugar de superficies inanimadas.

Sí, pero se me da peor, creo. Igual porque practico menos. He fotografiado gente y he ganado algún concurso a nivel gallego hace años.

¿Y cómo ve la situación de la arquitectura, este «impasse» constructivo que hay, crisis de visados...?

La veo complicada, cuando hablas con amigos arquitectos o con clientes ves que tienen problemas, poco trabajo o que no tienen perspectivas de qué van a hacer cuando acaben con las obras que tienen en curso. Amigos que están por Viena u Holanda, por todos los lados. Por ejemplo, ahora estoy fotografiando un centro de salud y no puedes evitar pensar que hasta que fotografíe otro centro de salud a lo mejor pasan años.

A lo mejor es que ya se han hecho muchos centros de salud...

Pues no lo sé, no sería yo el que me toca decirlo, pero seguramente me cuesta creerlo.

¿Tiene la sensación de que los arquitectos se han desligado un poco de las necesidades de la gente?

Habrá de todo, pero desde luego un arquitecto no hace un edificio de motu proprio, ha habido alguien que se lo ha encargado. Esa persona o esa institución que se lo ha encargado igual tenía que haber sido más consciente de si era necesario, si era necesario por ese importe y respondía a unas necesidades reales o solo al hecho de salir en la foto poniendo la primera piedra o inaugurando el edificio, en vez de mejorando unas condiciones sociales que no se puede hacer una foto con ellas.

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