Muere Carlo María Martini, el candidato progresista a papa

Jesuita y durante 22 años arzobispo de Milán, estaba a favor del control de la natalidad y consideraba el preservativo como un mal menor


redacción / la voz

Fue la gran esperanza renovadora de la Iglesia católica en el cónclave del 2005 -del que salió Benedicto XVI- y sus seguidores, sobre todo jóvenes, parafraseaban con un «No Martini, No Party» un anuncio internacional de vermú. El cardenal Carlo María Martini murió ayer a los 85 años, en la residencia Gallarate, que los jesuitas tienen a las afueras de Milán, donde fue arzobispo durante 22 años. Martini, tras diez años sufriendo párkinson, no podía tragar por sí mismo y no quiso someterse a una gastrostomía endoscópica percutánea (PEG), es decir, que un tubo le llevase la comida directamente al estómago sin pasar por el esófago. Sabiendo que su final era inminente, amigos y familiares se reunieron a su alrededor en las últimas horas.

Se acababa así una historia que comenzó en el 15 de febrero de 1927 en Orbassano (Piamonte) en una familia burguesa. A los 17 años, Martini se unió a los jesuitas, y a los 25 fue ordenado sacerdote. Estudió Filosofía y Teología, doctorándose en 1958 en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Estudioso de las escrituras de reconocido prestigio, se dio a conocer internacionalmente en los noventa, cuando se barajó como sustituto de Juan Pablo II tras haber sufrido este una apendicitis. En el cónclave del 2005 se convirtió en la esperanza progresista: estaba a favor del control de la natalidad, de la inclusión activa de las mujeres en la Iglesia, de una evolución en el celibato y veía el preservativo como un mal menor para evitar el contagio del sida.

A pesar de su formación y diplomacia, realmente Martini nunca tuvo posibilidades de llegar al papado, ya que el ala conservadora de la Curia no lo aceptaba. El cardenal piamontés tenía claro que la Iglesia debía acercarse a la sociedad para que los católicos no huyesen, y lo hizo desde muchos frentes: promoviendo el conocimiento de la Biblia con la Escuela de la Palabra, hablando de la trascendencia humana en la Cátedra de los No Creyentes, impulsando el concilio vaticano tercero para modernizar la Iglesia o negándose a oficiar la misa en latín.

Cargos

Rector del Pontificio Instituto Bíblico (1978), la Pontificia Universidad Gregoriana (1978-1979) y arzobispo de Milán (1980-2002).

Premios

Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2000).

Idiomas

Especialista en lenguas antiguas, conocía el arameo, caldeo, griego, latín y hebreo. Hablaba italiano, inglés, alemán, francés, portugués, griego moderno y árabe.

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