Terror en el pueblo fantasma

La pequeña localidad, en la que viven solo cinco vecinos, recibe miles de visitantes


A los pies del macizo central ourensano, el impresionante paisaje y la tranquilidad que se respira en el pequeño pueblo de Chaioso se confabulan para inundar de paz al visitante más estresado. Solo los pájaros, jugando entre las copas de los árboles, alzan la voz en este rincón del concello ourensano de Maceda en el que viven habitualmente cinco vecinos, todos ellos ya jubilados. Pero este entorno idílico se transforma una vez al año.

Las calles, a oscuras, se llenan de extraños ruidos: aullidos de lobos, gritos desgarrados, letanías a media voz, sonidos de motosierras... Escapar es imposible y cualquier intento de refugiarse en un pajar, en una bodega, o en el bajo de alguna casa, es una aventura peligrosa. Las escenas más estremecedoras que todos recordamos de los grandes momentos del cine de terror, o de las viejas historias de miedo, cobran vida ante nuestros ojos.

De vuelta al exterior, la cabeza despellejada de un carnero cae de no se sabe dónde, salpicando de sangre su alrededor. El que lleva la motosierra se hace visible. No es uno, son tres. Toca escapar, pero la huida es corta. La Santa Compaña, el aquelarre con sus meigas y los inquietantes zombis obligan a sujetar los nervios para no contagiarse de la histeria de los compañeros más sensibles. A estas alturas ya ni el amable vecino que en la entrada se hizo cargo del grupo y lo guía por el terrorífico pueblo de escena en escena -o de trampa en trampa- parece alguien de fiar.

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