Demuestran que los prejuicios «cambian» el sabor de la comida

Una mousse de fresa sabe mejor en un plato blanco que en uno negro y un yogur de vainilla es más sabroso con una cuchara de metal que con una de plástico.

la voz

Una mousse de fresa sabe mejor en un plato blanco que en uno negro y un yogur de vainilla es más sabroso con una cuchara de metal que con una de plástico, por mucho que imite a la plata. Estas son algunas de las conclusiones que han sacado los investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia junto con la Universidad de Oxford y el King?s College de Londres.

Una de las personas que trabajó en estos estudios es Betina Piqueras, que explicó que «este trabajo demostró cómo los diferentes sentidos interactúan y la mayoría de los factores de percepción son psicológicos».

Para demostrar esta idea, los investigadores realizaron cuatro experimentos diferentes a grupos de entre cincuenta y cien personas cada uno. El primero era tan simple como hacer probar el mismo yogur de vainilla a los voluntarios, la primera vez con una cuchara de metal y la segunda con una de plástico con acabado metálico; los consumidores, que desconocían que se trataba del mismo yogur, opinaron que la muestra consumida con la primera cuchara «era de mayor calidad y les gustó más».

Muy parecido al anterior fue dar a los voluntarios dos raciones de la misma mousse de fresa en dos platos diferentes: blanco y negro; los consumidores preferían la mousse sobre fondo blanco. «Lo curioso -apuntó Betina- es que se trataba de estudiantes de nutrición y dietética de la Fundación Alicia, que no podían creer cómo les había afectado el color del plato».

Otra prueba fue mezclar el peso con la sensación de saciedad. El voluntario, en esta ocasión, tenía que tomar dos raciones de cereales -exactamente iguales en la marca y la cantidad- en dos boles idénticos en apariencia pero uno más pesado que otro. ¿El resultado? Tomar los cereales del bol más pesado saciaba más.

El cuarto experimento fue con cuatro cucharas de metal -acero inoxidable, bañadas en oro, zinc y cobre- y cremas. «Con una base de nata, hicimos distintas cremas añadiendo sal, azúcar y otros ingredientes, para hacer cremas ácida, dulce, salada, amarga y neutra», relató Betina Piqueras. Descubrieron que los consumidores no se vieron influidos por el inevitable deje metálico del zinc o cobre, y en cambio destacaron que estas cucharas resaltaban el sabor dominante en la crema.

Y un apunte final: si uno sabe que se trata del mismo yogur, el cerebro no nota diferencias.

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