Vivir entre paredes de 5 siglos

El pintor Paco Ascón encontró en una montañosa parroquia de A Veiga su «morada definitiva» tras restaurar una antiquísima vivienda de piedra


Redacción / La Voz

Paco Ascón es un pintor muy reconocido por sus populares paisajes. Lo que pocos saben es que la vida le ha hecho colarse en uno de esos lugares inmortalizados con su pincel. Un flechazo por Pena Trevinca le acabó arrastrando a esta zona del Oriente ourensano. Hoy vive en una señorial casa de la parroquia de Xares que esconde paredes contemporáneas de Cristóbal Colón. Compró los restos de aquella vivienda deshabitada desde hacía casi medio siglo y solo cinco años después ya era una acogedora morada perfectamente preparada para afrontar el duro invierno de la montaña de Galicia. «La casa era una ruina, la mayor parte de la superficie no tenía tejado y había muchas piedras caídas», recuerda el pintor, natural de Barcelona, pero afincado buena parte de su vida en Sarria y A Coruña.

La antigüedad de la casa -reconstruida con vigas y piedras de otras ruinas colindantes- se calcula en algo más de quinientos años, según apuntes recogidos por el nuevo propietario. Pero lo que podría parecer una exageración cobra sentido cuando se indaga en este rincón de Pena Trevinca. «El asentamiento poblacional aquí es muy antiguo, de hecho la iglesia celebró su 1.000 cumpleaños en el 2010», señala Ascón. Otra prueba es la fuente que descansa ante el porche de su propia casa. «De origen celta», sentencia.

La casa proporciona a Paco espacio suficiente para albergar, en una misma planta, un pequeño taller de grabados, su estudio de pintura y otro lugar para hacer labores de restauración. «Y una bodega que está excavada en roca», añade. «Durante las obras encontramos objetos de barro imposibles de catalogar, cristales antiguos y también chocolateras de fundición». Pero el tesoro en sí es al propia casa, desde cuya planta superior disfruta de la majestuosa vista de Pena Trevinca.

Ascón aprovechó las obras para corregir un defecto de la vivienda: no tenía lareira. Como hombre renacentista, él la diseñó y se la encargó a un cantero. «Es de las de meterse dentro», describe.

El idilio de Paco y su mujer con este lugar comenzó hace 16 años por culpa de un cuadro. El pintor recibió el encargo de «retratar» el monasterio de As Ermitas. Como no había ningún alojamiento en las cercanías durmió esas noches en un hostal recién abierto en la parroquia de Xares. «Esos días nos mostraron las lagunas de origen glaciar, buena parte de las 29 parroquias de A Veiga y Mari Carmen y yo comenzamos a pensar que aquel podía ser nuestro sitio ideal para vivir», recuerda.

¿No hay temor al aislamiento? «En absoluto, O Barco de Valdeorras está a 50 kilómetros por buena carretera y los servicios básicos nos los traen a la parroquia». ¿Y tanto silencio? «Al principio no nos acostumbrábamos y hoy estamos encantados -explica Paco Ascón-; si quiero oír ruido y ver gente cojo el coche y en cuatro horas y media me planto en la Gran Vía de Madrid».

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