La presión ciudadana urge a cambiar el modelo


Apesar de Fukushima, no hay ninguna decisión técnica o científica que justifique el abandono de la energía nuclear. Decisiones como la de Alemania son únicamente de carácter político». Jeffrey Hangst, investigador del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), resume en esta frase la opinión de muchos de sus colegas que, en un contexto de crisis energética, siguen defendiendo la viabilidad y seguridad de la fusión del átomo en tanto no aparezcan otras fuentes alternativas con mayor peso que las actuales renovables. Desde el siniestro de Fukushima, sin embargo, Alemania no ha sido la única potencia que ha revisado su política nuclear para iniciar un nuevo rumbo sin la energía nuclear.

El propio Gobierno de Japón, ahora presionado por su ciudadanía, ha anunciado en repetidas ocasiones que irá clausurando progresivamente sus centrales. Ahora, en una fase de reconstrucción del país y sin una alternativa a corto plazo para reemplazar a una energía que le proporcionaba el 30 % de su electricidad, no puede hacerlo.

El accidente ha avivado el sentimiento nuclear en todo el mundo, pero a día de hoy, en el que la prioridad sigue siendo estabilizar los reactores dañados, todavía sigue sin esclarecerse la culpabilidad de lo sucedido. Es evidente que la catástrofe se debió al tsunami que siguió al terremoto, pero existe la sospecha de que una mejor gestión de la empresa operadora, Tepco, desde el primer momento hubiera minimizado el desastre. «Ha habido errores humanos de gestión del accidente», explica Vaclav Smil, experto en energía y uno de los 100 pensadores más influyentes del mundo.

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