El Príncipe de Asturias premia el valor de los héroes de Fukushima

El fallo dice que dieron al mundo un ejemplo de «coraje ante la adversidad»


redacción / la voz

Fue la mayor catástrofe natural de la historia de Japón. Un terremoto de magnitud 9 y un devastador tsunami con olas que llegaron a alcanzar los 24 metros asoló la costa nipona y se cobró la vida de al menos 28.000 personas y llevó al éxodo a otras 350.000. Pero la tragedia aún pudo ser peor. El país debía enfrentarse aún a una alarma nuclear provocada por el maremoto, que dañó los cinco reactores de la planta atómica de Fukushima y desencadenó una fuga radiactiva catalogada en la escala 7 por la Agencia Internacional de la Energía Atómica, el mismo nivel que en Chernóbil.

Los escapes de cesio y yodio parecían incontrolables, ya que la elevada radiactividad acumulada en las plantas hacía casi imposible frenar las fugas. Pero no lo fue para los cientos de operarios de la central, gestionada por la eléctrica Tepco, bomberos y soldados que arriesgaron sus vidas para controlar la situación en condiciones extremas y evitar una catástrofe mayor. Hasta 1.132 operarios comprometieron su vida en los momentos de mayor peligro. Fueron los héroes de Fukushima, cuyo esfuerzo y valor fueron ayer reconocidos con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. El jurado ha premiado su «sacrificio» y «altruismo», ya que pusieron «en riesgo la propia vida al afrontar en la central siniestrada y su entorno las tareas que evitaron una tragedia humana y ambiental de mayores dimensiones, dando al mundo un ejemplo de coraje ante la adversidad, sentido del deber, defensa del bien común y conciencia cívica». El fallo también ha tenido en cuenta la «respuesta serena y abnegada del conjunto de la sociedad japonesa», que tuvo su más alta expresión en los héroes de Fukushima.

Los colectivos que trabajaron durante semanas en Fukushima lo hicieron en condiciones extremas: elevada radiación, continuas rotaciones, pocas horas de descanso y limitaciones en la alimentación y en el suministro de agua potable.

Descontaminación

Por ello, muchos trabajadores desarrollaron patologías crónicas como arritmia o hiperventilación. En esta misión aún continúan hoy, aunque en unas condiciones mucho más favorables, más de tres mil operarios, que están a punto de conseguir la parada fría del último de los reactores inutilizado. Pero aún queda por delante un trabajo de años para la descontaminación de la central.

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