Los olvidados de un desastre


Es innegable que a alguien que le toca lidiar con las consecuencias de un desastre nuclear como el ocurrido en Fukushima merece todos los premios y reconocimientos del mundo. Los operarios de Tepco demostraron ser unos excepcionales profesionales que hicieron su trabajo de la mejor manera que las circunstancias permitieron. Otra cosa bien distinta es calificarlos como héroes.

Conviene recordar que estos trabajadores son gente muy cualificada, dotados de los últimos medios y preparados para afrontar este tipo de situaciones.

Después de veinticinco años, miles de personas en Ucrania reclaman a las autoridades las compensaciones prometidas por haber contribuido a «liquidar» el mayor desastre nuclear de la historia. Muchos se han quedado por el camino, mientras que los que aún viven reclaman tímidamente ante el Gobierno sus derechos. Necesitan medicamentos cuyo coste triplica su exigua pensión. Es el vodka el único remedio a su alcance para «ir tirando».

Se enfrentaron a dosis de radiación nunca vistas y sin ningún medio efectivo de protección. Por eso, al leer la noticia del premio a los empleados de Tepco me he acordado de ellos. De los días que he pasado escuchando sus tristes historias. De cómo en la primavera de 1986 salvaron al mundo. Ojalá algún día el mundo se lo agradezca como merecen.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos

Los olvidados de un desastre