La «Soyuz», imprescindible en los próximos años


Con la retirada del servicio de los transbordadores espaciales de la NASA, y al carecer esta de una nave para sustituirlos, las cápsulas Soyuz quedaban desde el pasado mes de julio como única alternativa viable para enviar nuevos tripulantes a la estación espacial internacional, tanto en el momento actual como en los próximos años.

No es la primera vez, de todos modos, que se da esta situación, pues ya sucedió lo mismo entre el 1 de febrero del 2003 y el 26 de julio del 2005, período en el que la flota de transbordadores estuvo de baja tras la pérdida del Columbia.

Pero lo que no sucedió entonces fue que la agencia espacial rusa decidiera suspender todos los lanzamientos de cápsulas y cohetes Soyuz, como ha ocurrido ahora, tras el fallo de dos lanzamientos consecutivos.

Es cierto que los dos cohetes que fallaron no eran iguales entre sí, ni tampoco iguales a su vez al que se usa para lanzar las cápsulas Soyuz, pero sí son lo suficientemente parecidos en algunos de sus componentes como para que los responsables de la agencia no quieran correr riesgos hasta poder determinar el origen de los fallos y ver si los dos están relacionados de alguna forma.

Y esto ha puesto en blanco y negro la necesidad de que haya alternativas a la Soyuz como nave tripulada. Pero lo cierto es que, hoy por hoy, no las hay.

Para empezar, la mismísima NASA no ha sido capaz de tener listo a tiempo el sustituto de los transbordadores espaciales, y ya hay quien dice que podría tardar más de veinte años en tener uno listo al ritmo al que van las cosas.

Programa Apolo

Esta es una situación muy diferente a la que se produjo cuando terminó el programa Apolo, pues aunque entonces pasaron seis años sin ningún vuelo tripulado de la NASA, al menos la agencia tenía en marcha la construcción de su sustituto, lo que ahora no sucede. Resulta increíble que quien fue capaz de poner por primera vez a un ser humano sobre la superficie de otro astro ahora no tenga medios para poner astronautas en órbita.

La propia NASA parece tener sus esperanzas depositadas en la iniciativa privada, y es cierto que hay diseños prometedores, como, por ejemplo, la cápsula Dragon de SpaceX, que ya ha realizado su primer vuelo de prueba como nave de carga y que podría estar lista a mediados o finales de esta década para realizar vuelos tripulados. Pero todo parece indicar que aún quedan unos cuantos años durante los cuales la comunidad internacional tendrá que seguir dependiendo de las cápsulas y cohetes Soyuz.

No es que esto sea malo, en especial teniendo en cuenta el historial de los cohetes Soyuz, que llevan en servicio desde 1966 con más de 1.700 lanzamientos con una fiabilidad superior al 97 %, y que pronto podrán ofrecer una cadencia mayor de lanzamientos cuando se active la plataforma de lanzamiento que se ha construido en el puerto espacial de Kourou (Guayana Francesa) de la Agencia Espacial Europea. Pero parece claro que jugárselo todo a una carta definitivamente tiene sus riesgos.

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