Rouco Varela considera que la ley de muerte digna no contempla la eutanasia

El presidente de la Conferencia Episcopal asegura que la problemática de los jóvenes españoles «está en las situaciones de paro, pero sobre todo están en su corazón».


El presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, considera que el anteproyecto de ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna aprobado por el Gobierno «no es una ley de eutanasia». Durante un desayuno informativo, el cardenal arzobispo de Madrid admitió que su todavía no ha leído un texto que, desde diversas instancias de la Iglesia, ha estado precedido tanto por un rechazo frontal como por duras críticas.

Rouco Varela valoró con prudencia el proyecto del Ejecutivo del que «el primer juicio es que no es una ley de eutanasia». El cardenal insistió que los expertos de la Iglesia están estudiando «detalladamente» su contenido para analizar si su articulado deja abierta la puerta a la eutanasia, tanto activa como pasiva.

El anteproyecto de ley de muerte digna, presentado el pasado 13 de mayo y que ahora deberá pasar a ser estudiado en comisión por el Parlamento, persigue definir los derechos de los pacientes en situación terminal y evitar el «sufrimiento innecesario y el encarnizamiento terapéutico», según destacó entonces la ministra de Sanidad, Leire Pajín. La iniciativa, en cuya gestación han participado expertos, agrupaciones de enfermos y profesionales sanitarios, garantiza el derecho de los enfermos en agonía a prescindir en un momento dado de los tratamientos que venían recibiendo. El texto prevé el uso de sedaciones, incluso si ello acelera la muerte. En todo caso, lo que no pretende es autorizar la eutanasia ni el suicidio asistido, que están penados por la legislación vigente.

Otro de los aspectos que se regulan es que el paciente tendrá derecho a que se preserve su intimidad y a que se le procure auxilio espiritual, en conformidad con sus creencias religiosas.

Además, reconoce el derecho de los pacientes a disfrutar de asistencia domiciliaria en los cuidados paliativos que necesiten, con el fin de que, si así lo desean, puedan morir en sus casas.

Cuando la persona padezca una enfermedad «avanzada, incurable y progresiva», podrá hacer que prevalezca su decisión sobre la atención que se le dispensa, incluida la posibilidad de rechazar los tratamientos propuestos por los médicos. Para ejercer este derecho, el enfermo habrá de expresar su consentimiento informado y hacerlo constar por escrito, al tiempo que se habrá de incorporar esta petición, que será libremente revocable, a la historia clínica. Si el paciente no pudiera firmar por incapacidad física para dejar constancia de su voluntad, lo hará en su lugar otra persona que actuará como testigo.

El enfermo terminal habrá de recibir informaciones sobre su estado real de salud, calidad y expectativas de vida.

En lo que atañe a los profesionales sanitarios, la norma no admite la objeción de conciencia. Los médicos no tendrán más remedido que acatar la voluntad y las convicciones y creencias manifestadas por el paciente sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en su agonía.

Problemas los jóvenes

Antonio María Rouco, a preguntas de los asistentes al desayuno, también se refirió a los 'indignados' que desde mediados de mayo se encuentran acampados en la madrileña Puerta del Sol. A su juicio, la problemática que padecen los jóvenes españoles «están en las situaciones de paro, pero sobre todo están en su corazón, y ahí es el único sitio donde pueden solucionarse. La democracia vive de presupuestos que ella misma no se puede dar. Debe beber de otras fuentes de humanidad», dijo. Para el cardenal, estos «problemas profundos» no se solventarán con reformas políticas, económicas o sociales.

El cardenal de Madrid comparó la comparación actual con una casa en llamas: «Si estamos en esta situación lo importante es llamar a los bomberos, pero sobre todo lo más importante es actuar para que esto no vuelva a pasar, y para ello se necesita algo más que soluciones técnicas».

En este sentido, en su conferencia bajo el título 'A tres meses de la Jornada Mundial de la Juventud', el presidente de la Conferencia Episcopal puso como ejemplo la experiencia que el próximo mes de agosto vivirán en Madrid muchachos de 182 países.

Según aseguró los frutos de estos encuentros se pueden ver «en el corto alcance: son muchas las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio, que surgen de cada Jornada Mundial. Pero también y sobre todo en el largo plazo suponen una contribución a la sociedad actual: energía para resolver la crisis y fortalecer el camino de la paz», destacó.

Con una expectativa de asistencia de dos millones de jóvenes, Rouco Varela aseguró que los actos preparados serán baratos, porque «no hay nada tan barato como rezar».

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