La Faraona bautizó un Mercedes

Este modelo es conocido como Lola Flores por el sonido a castañuelas del motor


redacción / la voz

La vida de Álvaro quedó vinculada desde muy pronto a su flamante Mercedes. Durante su etapa universitaria en Santander, este ourensano consiguió su 170D en una subasta del Estado. Pero este modelo es más conocido por su mote, Lola Flores. La explicación es estrictamente auditiva. «Cuando está al ralentí, el motor hace un tac-tac-tac muy peculiar, como un sonido de castañuelas». Y el popular instrumento manual evolucionó como una metonimia de la folclórica.

Hoy Álvaro tiene 69 años, habla en pasado de su profesión como ingeniero técnico industrial y asegura que su trayectoria vital ha sido, entre otras muchas cosas, un ejercicio de fidelidad a Mercedes. «Además del Lola Flores tengo un modelo 300, un 330D y un C220D, soy un forofo de Mercedes desde que tuve el primero», recuerda. «Y merecen la pena, es muy difícil encontrar un coche tan longevo».

Después de mucho tiempo sin salir de Ourense, el coche viajará el próximo mes a Santander. Su sobrina se casa en mayo y Álvaro Peña Maza no puede negarle un vehículo propio de una princesa para el día más importante de su vida.

Paseos universitarios

Allí en Santander recordará los paseos universitarios con su Lola Flores, al que no tardaría en subirse la que con los años sería su esposa. «No es que yo fuera muy ligón pero el coche llamaba mucho la atención», recuerda Álvaro. «Cuando en verano lo aparcaba en El Sardinero, los turistas lo rodeaban para mirarlo durante un buen rato».

Con su histórico coche también realizó largos viajes, como al sur de Portugal. «También lo llevé a un rali del Club Antiguo de Automóviles Portugueses».

Todo comenzó en una visita a una subasta del Estado durante su etapa de estudiante en Santander. El Lola Flores estaba guardado en un parque móvil ministerial, «seguramente de Palencia». «Sé que lo había tenido el régimen de Franco para cederlo temporalmente a obispos o a algún responsable de una gobernación. Cuando yo lo compré el coche llevaba seis años parado», dice Álvaro, que también usaba el Mercedes para viajar a Ourense en la época estival o en las vacaciones navideñas.

Por Galicia aún sobreviven algunos de estos modelos que, cuando se quedan al ralentí, recuerdan el alma de la Faraona.

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