La cuñada de Blair se pasa al islam

Lauren Booth, hermana de Cherie Blair, periodista y activista, anuncia que se ha hecho musulmana. Lleva pañuelo, no bebe alcohol y no descarta ponerse burka


redacción/la voz.

Es una familia de conversos la de Tony Blair. Él dejó la fe protestante y abrazó la católica en el 2007, pero ahora su cuñada, la media hermana de Cherie, ha dado el campanazo: se ha hecho musulmana.

Lauren Booth, periodista de profesión -trabaja para una cadena de televisión iraní- es una persona muy activa con la paz en Oriente Medio, donde pasa largas temporadas -los medios israelíes decían ayer que tenía pasaporte diplomático de Hamás-. Ha sido tras una de estas visitas a Oriente Medio, al santuario de Fatima al-Masumeh en la ciudad de Qom, cuando ha decidido su conversión: «Tuve una maravillosa experiencia en un templo islámico en Irán hace seis semanas. Siempre consideré la ummah [comunidad de fieles musulmanes] un lugar que rebosa amor y paz y estoy orgullosa de formar parte de ella», dice Lauren, según aparece en los dominicales británicos.

Apunta datos de su vida cotidiana, como que no come carne de cerdo, usa pañuelo en la cabeza, lee todos los días el Corán -«voy por la página 60», dice- y ya no bebe alcohol. Sobre este asunto, da más información: «Llevo 45 días sin beber, el período más largo en 25 años. Lo extraño es que desde que decidí convertirme, no he querido probar el alcohol, y yo era alguien que anhelaba un vaso de vino o dos al final del día». Tiene la pasión de los conversos y no descarta ponerse un burka en el futuro -«¿quién sabe adónde me llevará mi viaje espiritual?», explica- y espera animar al ex primer ministro británico a que conozca el verdadero islam.

Booth asume que su conversión va a levantar polémica, pero explica que «todos a los que valoro conocen mi decisión». Entre estos estará su marido, Craig Darby, que el año pasado sufrió un accidente de moto -iba borracho y sin casco- que le causó una lesión tal que tuvo que aprender a hablar y andar de nuevo; y su hermana y su cuñado, a quien no duda en criticar «políticamente si lo merece», pero reconoce que se llevan bien. Eso sí, en una carta que le envió el mes pasado, le acusaba de parcialidad como enviado a Oriente Medio y le decía que había participado en una reunión en Irán donde las mujeres lloraban por las muertes de inocentes en Rafah y Naplusa, ciudades palestina que Blair «debería conocer bien». Como a su cuñada.

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