Histórica intervención del Papa en el corazón del anglicanismo

Por primera vez un Pontífice pisa la abadía de Westminster, donde pidió «el regalo de la unidad de los cristianos»


londres/la voz.

Benedicto XVI cumplió ayer una jornada histórica, segunda de su visita oficial al Reino Unido. Histórica por varios motivos: su visita al Westminster Hall, donde ante un nutrido grupo de políticos subrayó la necesidad de destacar la relación entre religión y política, o entre fe y razón; por su visita al palacio de Lambeth, residencia oficial del primado de la Iglesia de Inglaterra, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y porque por primera vez un Papa pisaba el más importante templo del anglicanismo, la abadía de Westminster.

Ante cientos de invitados, entre los que se encontraban los ex primeros ministros Tony Blair, Margaret Thatcher y Gordon Brown -David Cameron asistía al funeral de su padre-, el Papa dijo: «Debo mostrar mi preocupación por la cada vez mayor marginación de la religión, en particular del cristianismo, que está teniendo lugar en naciones que colocan un enorme énfasis en la tolerancia».

Durante el discurso en el Parlamento británico lanzó un mensaje de advertencia a los políticos: «La religión no debe ser un problema que resolver, sino un contribuyente vital al debate nacional», dijo.

Con anterioridad el Papa se había reunido con el arzobispo de Canterbury. Ambos líderes religiosos reconocieron que existen aún importantes obstáculos para alcanzar la reunificación de las dos iglesias, algo en lo que se lleva conversando desde hace cuarenta años. Benedicto XVI señaló que una Iglesia unificada «fructificaría en paz Ry armonía en un mundo que a veces parece estar a punto de romperse».

Rowan Williams y otros arzobispos anglicanos acompañaron al Papa en una ceremonia ecuménica en el monumental templo donde fueron coronados la mayoría de los monarcas ingleses desde 1066, incluido Enrique VIII, el rey que rompió con el Vaticano y se proclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra. «Vengo como peregrino de Roma para rezar ante la tumba del rey san Eduardo el confesor y unirme a vosotros para implorar el regalo de la unidad entre los cristianos», dijo el Papa ante unas 2.000 personas.

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