Una noche en el ramadán gallego

En Galicia viven unos 5.000 musulmanes y, pese a ser una de las comunidades autónomas con menor presencia del islam, sus fieles destacan su perfecta integración


redacción/la voz.

Llegamos a la mezquita Abou Baker, en Arteixo, alrededor de las nueve y media de la noche. Estamos en ramadán y todavía no se ha puesto el sol. «Sobre las diez menos veinte comenzará el rezo», explica Khalifa Lemsahri, presidente de esta comunidad islámica. Como manda la tradición coránica, es necesario descalzarse a la entrada a toda mezquita y, además, lavarse con agua las manos, los pies y la cara.

A los pocos minutos de entrar en el templo comienza un incesante goteo de fieles llamados a la oración del Magreb (correspondiente a las 21.41 horas del segundo día de ramadán). En cuestión de un par de minutos se congregan alrededor de treinta personas en la mezquita. Todo está listo para que dé comienzo la ceremonia.

Solidaridad

Durante los diez minutos que dura el Magreb, contabilizamos entre 15 y 20 movimientos repetitivos que se basan en cuatro posturas básicas; de pie, con el tronco inclinado hacia adelante, de rodillas y de rodillas con la frente tocando el suelo. Khalifa nos explica que consiste en realizar movimientos de forma repetida orientando la oración a La Meca. Termina el rezo y, a continuación, algunos miembros se dirigen hacia el comedor del templo, donde tendrá lugar la cena. «El islam es una religión basada en la solidaridad, por eso todos los fieles de esta comunidad realizamos una colecta con la que organizamos una cena para aquellos que viven solos aquí», nos explica un feligrés. Le preguntamos si todos los marroquíes de Arteixo acuden a la oración. «No, aquí hay más marroquíes de los que suelen venir, pero cada vez vienen más, sobre todo gente joven».

Acerca de las facilidades para desarrollar su vida en base a sus creencias en Galicia, Khalifa concluye: «Tenemos nuestra propia carnicería y en A Coruña hay una cadena de hipermercados que tiene productos especiales para musulmanes, así que no tenemos ningún problema. Por lo general los gallegos han acogido muy bien nuestra cultura, pese a que en los años noventa, cuando llegamos aquí, había mucho desconocimiento».

Sopa y galletas

Un comensal nos ofrece un dulce de origen marroquí que se asemeja a una rosquilla. El sabor es intensamente dulce y con un ligero toque a almendra y miel. «Se llaman chabakiyas, son típicas de esta época y además las preparamos nosotros mismos», explica el hombre que nos las ofrece. «Molemos las almendras y preparamos la masa el día anterior, son totalmente caseras», se reafirma entre risas. Además de las chabakiyas, en la mesa se sirve una sopa denominada harira, que, al parecer, es típica del ramadán marroquí. «Hay países donde la cena se hace mucho más contundente, pero en Marruecos es típica una sopa ligera, un poco de pan y las chabakiyas», concluye.

Ramadán senegalés

En el otro extremo de Galicia, en Ourense, también se celebra el ramadán. En la capital hay unos 150 senegaleses, la comunidad de extranjeros más antigua y numerosa de la ciudad. Desde la asociación que los reúne comenta cosas su presidente, Ibrahima Diouf: «El ramadán es algo más que un ayuno, es una forma de purificar el cuerpo y el alma, de no tener pensamientos negativos y ser solidario y bueno con tus semejantes. Además, esta práctica permite experimentar durante un mes lo que siente la gente pobre que no tiene nada que comer a diario», explica.

Al atardecer comienzan los preparativos para la comida de ramadán. Una de sus costumbres es invitar a alguien al azar y por eso hemos podido entrar en una casa. Para empezar suelen comer uno o tres dátiles, nunca dos o cuatro, por la simbología que los números impares tienen en el islam. Esto sirve para ir abriendo el estómago tras un día de ayuno. Acto seguido, se toma una taza de café senegalés muy intenso, para que la cafeína espabile la mente. Y por último una infusión fría, que será la antesala de la comida, a base de arroz y carne de cordero o ternera; la comida se coge de una única bandeja y, entre cada uno de estos pasos, la familia se retira a orar a una habitación.

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