La extinción del urogallo gallego se produjo en apenas tres decenios

La Voz obtiene la imagen del último ejemplar de pita de monte observado en la comunidad


becerreá/la voz.

El urogallo se considera oficialmente extinguido en Galicia desde el año 2005 y, a pesar de los esfuerzos de la Xunta, de forma casi definitiva, ya que poco puede hacerse para contrarrestar los efectos del cambio climático, causa determinante de la desaparición natural de la especie en toda la cordillera Cantábrica. El último ejemplar que habitó nuestra comunidad fue probablemente la hembra de la imagen, inmortalizada en el 2003 en Os Ancares, donde el urogallo fue símbolo durante décadas. La imagen es el símbolo que certifica la extinción real de la pita de monte en la comunidad.

El autor de la fotografía, Jorge Layna, que entonces realizaba trabajos de seguimiento de la especie, explica que el calentamiento brusco del planeta en las últimas décadas parece ser el responsable de su extinción. «Es un animal adaptado a inviernos muy duros y el aumento de las temperaturas puede haber provocado cambios nutricionales en las plantas que constituyen su alimento, que a su vez hayan repercutido en su capacidad reproductora. Por otro lado, también se ha observado un retraso generalizado del invierno, con primaveras muy lluviosas y más frías, que afectan a la mortandad en las polladas», matiza Layna.

Hoy, en Os Ancares solo quedan dos ejemplares de urogallo disecados como trofeo cinegético, que pueden visitarse en el albergue de la Campa de Fieiró. El macho, espectacular por el colorido y tamaño de sus plumas, lo abatió el ex presidente de la Xunta Manuel Fraga, a principios de los ochenta, cuando la población ascendía a 50 ejemplares. «Un número importante para la superficie de Os Ancares», valora Layna, para quien lo sorprendente, más que la propia extinción que podría ser previsible en un plazo más largo, es el breve espacio de tiempo en que se ha producido. «En solo tres décadas hemos pasado a no tener ningún urogallo. Llama la atención el desplome de población que se produjo en muy pocos años, en los últimos ochenta y primeros noventa, sin que entonces pudieran identificarse causas de entidad».

La extinción del urogallo en Os Ancares, situados en el extremo de su área de distribución en Europa, amenaza con ser el preludio de su desaparición en toda la cordillera Cantábrica, donde la población ha descendido un 70% desde los ochenta. De hecho, el urogallo está prácticamente extinguido también en la parte oriental y central de Asturias, con una pérdida de población de un 90%, según un censo de este año. Un proyecto Life financiado por la UE aportará siete millones de euros para evitar que la pita de monte desaparezca de la franja cantábrica. Y, es más, para tratar de reintroducirla en alguno de sus antiguos hábitats, como Galicia.

«A medida que las temperaturas han ido aumentando, la especie ha ido desapareciendo de la Península, hasta localizarse únicamente en sus sistemas montañosos más norteños. Hay abundantes referencias literarias que aportan citas de urogallo en sistemas peninsulares hace 100 y 200 años. En la historia más reciente, solo los Pirineos y la cordillera Cantábrica han contado con su presencia», apunta el biólogo Jorge Layna.

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