Una experiencia pionera en Jaén redujo a casi a la mitad la frecuencia de las visitas


En el centro de salud Virgen de los Linarejos de Linares (Jaén) se llevó a cabo un trabajo para racionalizar las visitas de los pacientes, y para eso se detectó a los hiperfrecuentadores. Con una serie de pautas consiguieron bajar en más de un 40% la frecuencia de sus visitas.

La doctora Antonina Rodríguez preparó este trabajo, que fue su tesis doctoral, y según explica, el paciente hiperfrecuentador es un elemento más de la presión asistencial y con el recorte de las frecuencias se ha conseguido una mejor calidad, con más tiempo para cada usuario.

El estudio de Antonina Rodríguez aboga por dividir a estos pacientes a partir de siete hipótesis: la primera posibilidad es la biológica, para lo que hay que determinar pruebas eficaces que eliminen posibles dolencias; la segunda, la psicológica, para la que utilizan un cuestionario en el que se detecta depresión y ansiedad; la tercera hipótesis es la familiar, y así «un síndrome del nido vacío fácilmente da mareos o dolor de espalda»; la cuarta, la social, por ejemplo, el que se queda en el paro; la quinta posibilidad es cultural y es «el caso de una viuda que no tiene amigas o una hija soltera que siente la obligación de cuidar a sus padres»; finalmente, se apuntan dos opciones, la burocrática, como el que tiene que ir todas las semanas a renovar la baja laboral; y la relación médico paciente, ya que a veces se da una relación disfuncional, «al médico le cae bien el paciente y fomenta que vaya a verlo», dice la doctora.

Una vez determinado a qué grupo pertenece cada uno -«aunque es muy normal que el paciente esté en dos de los grupos», puntualiza Rodríguez- llega el momento de actuar. «Lo que solemos hacer -explica la doctora- es recomendarle algún recurso social. Por ejemplo, a una viuda le damos la dirección de una asociación de viudas para que tenga amigas y ocupe su tiempo». Y es que esta doctora es ferviente defensora de la «desmedicalización» de muchas dolencias y aunque a veces, cuando plantea que el dolor de espalda es un dolor del corazón, Antonina escucha «un poquito de todo» y en el balance final sí le compensa: «Hay pacientes que no tienen arreglo, pero a otros les cambia la vida».

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Una experiencia pionera en Jaén redujo a casi a la mitad la frecuencia de las visitas