Una veterana sin fronteras

Ahora en Zambia, Elena Grandío es una de las gallegas pioneras en la cooperación internacional. Cuando empezó, en 1987, «la gente pensaba que iba de misionera»


redacción/la voz.

Primero fue Guinea. Hace 23 años. «Me fui de voluntaria con la ONU, siempre me interesó la cooperación, así que me lié la manta a la cabeza y...». Y después llegaron Kenia, Somalia, Angola, la India, un máster de salud pública en Cuba, Pakistán, Nigeria... Sin descanso. A la lucense Elena Grandío su, por ahora, última etapa solidaria la ha llevado a Zambia, junto a Médicos Sin Fronteras (MSF). Esto último ya no es noticia. Desde 1991 todos sus desplazamientos al exterior han sido con esta organización, donde es bien conocida (y reconocida) su actividad. «Cuando empecé no había Internet, y la publicidad de las oenegés era muy diferente, así que empecé con la ONU». Aquella experiencia en los ochenta le gustó, y siguió indagando. Dio con MSF y está «muy a gusto con ellos».

En Zambia participa ahora como coordinadora médica en una zona remota del norte del país. «Perdida, sí, pero con cobertura», dice al otro lado del teléfono. Eso, la comunicación, cuenta, es una de las cosas «que más han cambiado» desde que empezó. «Hace cinco o diez años era imposible hablar desde el país en el que estabas. El progreso trae cosas buenas y otras malas». En los más de veinte años que lleva (principalmente) por África «ha habido cambios y menos corrupción que han llevado a estabilizar algunos países, pero si la economía se viene abajo, como pasa ahora...».

También ha mudado el mundo solidario: «La cooperación ha crecido mucho, se ha profesionalizado, está todo mucho más respaldado y se tienen más conocimientos»

Después de todos esos años sobre el terreno, admite que sigue habiendo «grandes necesidades». Las ve y atiende a diario desde Luwingu, donde se encuentra. «¿Problemas? Hay mucha prevalencia de sida en mujeres embarazadas, y ya hay tratamientos para reducir la mortalidad con un seguimiento, pero, claro, no hay tratamientos». Zambia es el país del planeta con una menor esperanza de vida, apenas 40 años, justo la mitad que en España (80,5 años). En esas cifras tiene mucho que ver que sea también el país en el que hay una mayor incidencia del VIH en la población de entre 15 y 49 años: un 17% de la población, frente a un 0,7% de los países del norte o el 6% de otros territorios africanos.

El programa de atención médica que la lucense coordina abarca una población potencial de 100.000 habitantes en un territorio sin apenas transporte y con muchos problemas para que la población acceda a medicamentos o para seguir recomendaciones de la OMS para reducir contagios de enfermedades. «Tenemos unos 4.000 embarazos al año, y entre 300 y 400 de ellos son positivos de VIH. Y este no es de los peores sitios del país», expone. El sida es un drama, sí, pero no el único: «Acabamos de afrontar una emergencia por cólera, durante dos meses, y atendimos a miles de personas».

Las carencias sanitarias son moneda común. «Para que te hagas una idea, se tiene que contar con gente jubilada para poder atender a la población, hay una carencia tremenda de recursos humanos, no hay personal formado, los que estaban se fueron en busca de una vida mejor y hubo una generación entera en los 80 y 90 que ahora debería estar produciendo y que no existe», contextualiza.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos

Una veterana sin fronteras