Adiós al domador devorado por la fama

La Voz / Efe

SOCIEDAD

Estrella en los ochenta, acumulaba problemas de todo tipo desde hace 20 años

05 may 2010 . Actualizado a las 09:18 h.

El domador y ex propietario del Circo Ruso, Ángel Cristo, falleció ayer a las doce y media de la noche por un fallo cardíaco en el Hospital Universitario de Alcorcón, en Madrid. Era el tercer ataque que sufría y, a pesar de sus 65 años, el fatal desenlace no extrañó a la gente de su entorno porque desde el 2003 sufría un deterioro importante a causa de una profunda depresión.

Atrás habían quedado los años de gloria, los ochenta, cuando el hijo de una contorsionista (Margarita Dordi) y un trapecista (Christophol Papadópulos) ocupaba titulares de revistas y programas de televisión tanto por su arriesgado trabajo como por haberse casado con una de las actrices fetiches del destape, Bárbara Rey. No le resultó fácil llegar a la cumbre circense, fueron veinte años de dura lucha, desde que en 1966 debutó como domador -cinco años antes, con solo 17, intentó hacer un número con leones pero un vendaval le impidió estrenarse en público- y en 1970 compró un pequeño circo que convirtió en una empresa con 300 empleados. En este tiempo, no faltaron sustos, como los ataques de felinos que sufrió en 1980, 1982, 1984 y 1988 o el incendio que lo intoxicó en 1986. Fue precisamente ese año cuando recibió la más alta distinción de la profesión, la Medalla de Oro del Festival Internacional del Circo.

Pero con el fin de los ochenta llegaron los problemas, una cuesta abajo que dio muy pocos respiros al artista. Uno de los primeros fue su divorcio, en 1988. La pareja, que duró ocho años, tenía dos hijos, Ángel (hoy de 29 años) y Sofía (26), y una gran presión mediática. Bárbara Rey retomó su carrera como actriz y presentadora, que había dejado por la doma de elefantes en el circo de su marido durante la relación, y él comenzó entonces unos años muy complicados.

Quince años de caída

La década de los noventa no pudo empezar peor, con dos ataques -en julio y en noviembre de 1990- de tres leones y un tigre que lo malhirieron en cuello, tronco y extremidades, y le rompieron seis costillas. Tuvo que pasar varias veces por el quirófano para recuperarse de los golpes.

Un año más tarde llegó la primera denuncia al domador, en ese caso por maltrato a los animales; y en 1994 tuvo que pagar una multa de dos millones de pesetas por haber utilizado a un bebé y dos niños en el número de los elefantes. En el terreno personal las cosas no le iban mejor, y 1995 se convirtió en su particular annus horribilis: rompió la relación sentimental que tenía con su socia y trapecista Angélica; ingresó en un hospital de Cádiz tras ingerir una gran cantidad de barbitúricos; tuvo un accidente de tráfico en Osuna (Sevilla), y denunció a su socio italiano por agresión con arma blanca a raíz de un problema económico entre ambos. En 1998 le embargaron el circo, lo que, según sus propias palabras, era tanto como quitarle la vida. Con el cambio de siglo la decadencia de Cristo no solo se hizo más evidente, sino que se vivió en directo en los platós de televisión.

Por ejemplo, en el 2001 estuvo seis días en huelga de hambre para que le devolviesen su circo, y en el 2003 tuvo que ingresar en una clínica de rehabilitación de Córdoba para recuperarse; poco después de haber sido dado de alta sufrió una perforación del duodeno, de la que tuvo que ser operado de urgencia en Sabadell.

En los últimos meses su salud se fue deteriorando y el pasado lunes por la noche ingresó en el hospital de Alcorcón, al regresar a Madrid desde Jaén, porque se encontraba mal. Murió una hora después, tal y como confirmó su sobrino José Miguel Garrido. Poco antes de su fallecimiento, llegaron al centro sanitario sus hijos, Ángel y Sofía, y su ex esposa, Bárbara Rey.

Hoy a partir de las 12.15 horas tendrá lugar su entierro en el madrileño cementerio de La Almudena, tras una misa íntima.