Brasilia, la utopía cumple 50 años

La contaminación del agua amenaza a la ciudad ideada por Niemeyer y Costa


Fue planeada para 500.000 habitantes, pero actualmente viven en ella más de dos millones de personas. El fallo en las previsiones de crecimiento ha provocado que el principal problema de Brasilia sea el agua: la perforación irregular del subsuelo -se calcula que hay 6.000 pozos artesianos, el 90% de ellos clandestinos- cerca de fosas sépticas, vertederos de basura y aguas negras puede contaminar los acuíferos subterráneos de los que depende estrechamente la supervivencia de la ciudad.

La urbe que sustituyó a Río de Janeiro como capital de Brasil ya estaba en los mapas de la primera Constitución republicana de 1891, pero no empezó a construirse hasta 1956. Fue gracias al empeño del entonces presidente, Juscelino Kubitschek, quien aspiraba a promover el desarrollo del interior de un país con dimensiones continentales y volcado hacia el Atlántico.

Levantar una ciudad en medio de la nada, donde solamente había un cruce de caminos de tierra distantes unos 200 kilómetros del lugar habitado más próximo, fue una epopeya en la que participaron 65.000 obreros. Pero la planificación de Brasilia contaba con el liderazgo de dos gigantes, Lucio Costa y Oscar Niemeyer. El primero ganó el concurso y fue el principal urbanista. La ciudad tiene forma de avión, con la plaza de los Tres Poderes como cabina de pilotaje. El cuerpo central de la aeronave lo ocupan las sedes de la administración (federal y local) y las alas están formadas por las «supercuadras», avenidas con once edificios de seis pisos cada uno que acogen viviendas y comercios. Sobre estos ejes se edificó la ciudad.

Pero Brasilia, patrimonio de la humanidad desde 1987, no sería lo que es sin los edificios que dibujó y construyó Niemeyer. El Congreso Nacional, la catedral, los palacios de Planalto y Alvorada? son hitos universales que forman parte de la historia con mayúsculas de la arquitectura.

El hijo de Río, que en diciembre cumplió 102 años, perdió el año pasado una batalla con el Gobierno local de Brasilia por la construcción de la plaza de la Soberanía, que incluía una especie de obelisco inclinado de cien metros de altura en la denominada Explanada de los Ministerios. El Instituto del Patrimonio Histórico, la oficina de la Unesco y el 70% de la población de la ciudad rechazaron el proyecto. Y es que Brasilia, medio siglo después, ya no reconoce ni al hombre que la inventó.

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