El secretario personal de los tres anteriores papas


La densa y larga trayectoria de John Magee en la jerarquía eclesiástica muestra el lado más positivo y, a la vez, el más oscuro de la Iglesia católica irlandesa de los últimos cincuenta años.

Si su trayectoria había sido intachable y calificada por muchos como espectacular en el escalafón eclesiástico, todo se vino abajo de la noche a la mañana, en concreto cuando el escándalo de los abusos sexuales cometidos en su diócesis de Cloyne saltó a los medios de comunicación a finales del 2008. Aún hoy son muchos los que opinan que, cuando hace un año presentó su renuncia, fue más por presiones que por propia voluntad.

Durante décadas, Magee fue muy estimado en los círculos del Vaticano, y llegó a ser secretario personal de los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Hizo méritos como misionero en Nigeria, en especial tras la visita a Irlanda del papa Juan Pablo II, cuando Magee se mostró constantemente a su lado. Hace unos años hablaba de la relación padre-hijo que mantuvo con Pablo VI y su relación fraternal con Juan Pablo I y Juan Pablo II. Nada mal para el hijo de un lechero de Newry.

Pero Magee no solo dedicó su carrera eclesiástica a labores administrativas o de funcionariado vaticano. También se preocupó por la situación que se vivía en Irlanda del Norte en los años más duros de la violencia sectaria entre católicos y protestantes. Solo unos días antes de que Bobby Sands muriera durante las huelgas de hambre de 1981, protagonizadas por reclusos republicanos en la prisión de Maze, Magee se personó como enviado del Papa en un intento por que los líderes de los miembros del IRA encarcelados pusieran fin a la huelga de hambre.

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