«Toqué fondo después de tres intentos de suicidio»

Vigués de 26 años, David relata para La Voz de Galicia su calvario como adicto «on-line» y cómo superó su problema


«Antes ya jugaba a las tragaperras, las de toda la vida, pero empecé a hacerlo en Internet con 21 años, el día que recibí en el correo un spam de un casino on-line con un bono de 50 euros para apostar. Tuve la mala suerte de que gané 500 y pensé que aquello era facilísimo. Ya no me volvió a tocar nada, pero seguí tirando de la tarjeta de crédito y a los 15 días me pasaron un cargo de 700 euros y me quedé en negativo.

»Seguí jugando. Engancha mucho porque en Internet hay formas aparentemente sencillas de ganar. En la ruleta puedes jugar al todo o nada y, con suerte, duplicar tu dinero de inmediato, pero siempre acabas perdiendo. Cuando me quise dar cuenta, les estaba robando dinero a mis padres o vendiendo libros y cedés que había en casa, o la maquinaria de la empresa familiar de barnices que dirige mi hermana. Saldé a 50 euros máquinas que valían 1.500, pero necesitaba el dinero y creía que ese era mi único problema.

»Una semana después de morir mi padre, en enero del 2005, me llevé la maquinaria a Madrid en una furgoneta, y allí estuve seis meses desaparecido. Encontraba trabajo con facilidad y, como barnizador, cobraba buenos sueldos, de 2.000 euros o así, pero lo machacaba todo en las apuestas. Trabajaba 15 días, pedía el finiquito y me iba a otra empresa. Con 23 años debía 60.000 euros a los bancos y apenas me guardaba uno al día para comer una barra de pan. Vivía y dormía en mi coche.

»Toqué fondo después de tres intentos de suicidio. En el último intenté tirarme desde un puente de la M-40, pero no fui capaz, seguramente porque no quería. Antes lo había intentado con un cuchillo en el parque de Castrelos, y en Madrid conecté una goma al tubo de escape del coche y la colé por la ventanilla, pero entraba el aire, así que solo perdí el conocimiento. Me desperté hecho polvo.

»Allí tuve la suerte de enamorarme y gracias a mi pareja me convencí de que debía iniciar el tratamiento en la Asociación Gallega de Juegos de Azar. Ingresé el 3 de julio del 2006. En noviembre del 2007 recibí el alta terapéutica y ahora soy transportista y monitor en la propia asociación y he escrito un libro, Diario de un ludópata, en el que cuento mi historia. El tratamiento para desengancharte es duro, porque cuesta aceptar que te tasen el dinero o tener que pedir el tique del café en un bar para justificar el gasto. No tuve un síndrome de abstinencia muy fuerte, aunque hay gente que lo pasa fatal. Pero es posible salir del pozo, y eso es lo que me gustaría decirles a los jóvenes que puedan empezar ahora. Engancharse es muy fácil y es importante que pidan ayuda a los profesionales.

»El riesgo de las apuestas on-line es enorme para los menores. Cualquier página de Internet las ofrece. Cualquier chaval de 14 años puede coger la tarjeta de su padre y jugar. No hay vigilancia ni control. Solo casinos americanos on-line que te regalan mil euros de crédito, el 300% de los primeros ingresos y el reintegro del 15% de las pérdidas. Es decir, ya dan por hecho que las vas a tener».

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