«Muchas chicas creen que sudar es de chicos»

La Voz

SOCIEDAD

Patricia tiene 13 años y estudia 2.º de la ESO en el colegio Salesianos de A Coruña; Sheila, con 15, cursa 4.º de secundaria en el instituto Rafael Dieste coruñés. Ambas juegan al fútbol en el Orillamar desde hace años y aseguran que todavía hay muchos prejuicios con respecto a ellas.

Lo primero es su entorno más próximo: «Antes, hace unos dos años -dice Sheila- en el cole los chicos me llamaban machola o marimacho. Últimamente no tanto, seguramente porque van madurando». Eso lo nota menos Patricia en su colegio, aunque ella sí ha oído otras cosas en el campo: «Alguna vez he escuchado al principio del partido 'no la cubras, que es una chica' y después de meter un gol tengo a tres defensas encima». No le extraña tampoco que «muchas chicas crean que sudar es de chicos» y que por eso no hacen deporte, porque no está bien visto. Y no es lo único que soportan. Por ejemplo, «cualquier chico sin ninguna formación en fútbol -dice Sheila- cree que nos puede ganar». O la falta de equipamiento adecuado: «En la selección infantil gallega -recuerda Patricia- nos daban la ropa vieja de los chicos, con las camisetas agujereadas y los calcetines rotos», por no hablar de que «las camisetas te llegan al codo, y los pantalones, a la pantorrilla».

Sin embargo, lo peor para estas jóvenes deportistas -que a pesar de su pasión no tienen entre sus principales ídolos a ninguna jugadora estrella- es el futuro. Con 15 años, las futbolistas deben dejar los equipos mixtos y, por lo que respecta a Galicia, tienen que fichar por los sénior, donde conviven (y compiten) con mujeres de veintimuchos años, con todo lo que eso supone.

Vivir del fútbol es un sueño para estas crías: Sheila -considerada la gran promesa del fútbol femenino gallego- acaba de ser fichada por el Pontevedra, un equipo que está en lo que sería la segunda división masculina. Sin embargo, no recibirá ningún sueldo: «No lo sé fijo, pero creo que nos dan 12 euros de prima si ganamos el partido».