El gallego que pudo ir a la Luna

Fallece el cosmonauta con orígenes en Samos tras una larga enfermedad que, junto a un gran infortunio, truncó su sueño de viajar a la estación espacial internacional.


Un capitán del Ejército argentino lo sentó a los mandos de un Gloster , el primer avión de reacción que voló en el Reino Unido, cuando Fernando, Frank , Caldeiro Caínzos apenas levantaba un metro del suelo. Cuentan que desde aquel día solo tuvo un sueño: volar. A los 33 años era capaz de construir una aeronave con sus propias manos (tardó siete años en fabricarla), y la NASA intuyó entonces el partido que podía sacarle ahí arriba si las cosas se ponían chungas como en el Apolo XIII y había que inventarse una válvula de seguridad con un cepillo de dientes y un par de calcetines.

En el año 2000, Frank era uno de los 35 privilegiados entre 6.000 aspirantes que habían aprobado las oposiciones de la agencia estadounidense, y estaba en la fase de entrenamiento de la misión STS-91 para integrar la tripulación de la estación espacial internacional. Esa primera misión colmaba su sueño infantil, por lo que sentenció: «No juego a la lotería porque he gastado toda mi suerte en el programa espacial».

Tenía razón. El 1 de febrero del 2003, el transbordador Columbia se desintegró sobre Tejas al regresar a la atmósfera terrestre con siete tripulantes a bordo, tres de ellos compañeros de promoción de Frank. La NASA minimizó las misiones y eso supuso el primer freno a sus aspiraciones. El segundo, una dura enfermedad que entonces empezaba a dar síntomas y que el pasado sábado fundió su vida con el universo a los 51 años y desveló el sueño incompleto del único astronauta de la historia con orígenes en Galicia.

Fernando Caldeiro nació casualmente en Argentina. Sus padres son leoneses, y sus abuelos, gallegos. La rama materna, de una aldea de Samos. La paterna, de la zona de Curtis. Su vida abracadabrante dio un nuevo giro a los 14 años, cuando sus padres se fueron a vivir a Estados Unidos. «No sé inglés y no me gusta estudiarlo», anunció entonces, lejos de sospechar que completaría ingeniería mecánica en la Universidad de Arizona, donde le colgaron un apodo de difícil comprensión. Su primer trabajo fue como director de pruebas del bombardero B-10, pero la NASA lo reclutó en 1991.

A pesar de que montó su vida en Estados Unidos (deja mujer y dos hijos en Houston), ejerció de español en sus constantes visitas a León y Galicia, y era raro el año que no se dejara ver por Samos o Curtis. De hecho, con el también astronauta español Pedro Duque, compañero de promoción, compartía entusiasmo por el cosmos y por los chorizos de la tierra, bien conocidos por sus colegas de la NASA.

«Es como bucear»

Caldeiro no logró visitar la estación espacial internacional ni participar en los ambiciosos planes de retorno lunar de sus colegas americanos, pero realizó al menos vuelos estratosféricos en transbordadores que llenaron su espíritu de navegante. «Lo más parecido a volar por el espacio es bucear, es como flotar», decía antes de asombrarse con que los días y las noches se sucedan «cada 40 minutos».

Pese a su gran preparación y a su mágica inventiva, jamás perdió la modestia. «Siempre me pregunto cómo la NASA ha elegido a un tipo tan torpe como yo para un trabajo como este», decía en tono campechano. O también: «Las capacidades físicas que debe tener un astronauta son de lo más normales». Y tal vez era esa sencillez la que le hacía sentirse vulnerable y se ocultaba tras la peor de sus pesadillas: «No superar las pruebas de la NASA».

En la estratosfera, desde la ventanilla del transbordador disfrutaba al observar «lugares desconocidos», se admiraba al constatar que «las únicas fronteras que se ven desde arriba son las de Israel y Haití» y bromeaba feliz: «El sexo en el espacio es de los pocos temas sobre los que la NASA no está investigando».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
50 votos

El gallego que pudo ir a la Luna