Extraen los órganos del abdomen a una niña para quitarle un tumor


Un equipo de cirujanos de un hospital de Nueva York extirpó un tumor a una niña de 7 años tras extraerle seis órganos vitales. La pequeña, Heather McNamara, ha sido dada de alta esta semana y ya se encuentra en casa.

A Heather le fue diagnosticado un tumor maligno en el abdomen. Según explicó su familia, los médicos que hicieron el diagnóstico le dijeron que el tumor estaba en un lugar que imposibilitaba la extracción. Heather recibió quimio y radioterapia, pero ninguno de los tratamientos logró curarla. Hasta que un equipo del hospital Presbiterian Morgan Stanley, de Nueva York, se interesó por su caso. El equipo estaba dirigido por el cirujano Tomoaki Kato. Después de estudiar la situación de la niña, Kato se decidió a hacer la operación. Ya había realizado una similar con anterioridad, pero con diferentes circunstancias: en la intervención que tuvo lugar hace un año la paciente era una mujer de 62 años, mientras que en este caso la paciente solo tenía 7.

La operación, de alto riesgo, se fijó para el mes de febrero. Tras la intervención, Kato reconoció que «tenía una gran responsabilidad» a sus espaldas y estaba «nervioso». También reveló que cuando la operación concluyó debió permanecer tumbado durante cinco horas en un sofá para recuperarse.

La intervención duró 23 horas. Para poder llegar hasta el tumor, que tenía el tamaño de una pelota de tenis, los médicos tuvieron que extraer del cuerpo de Heather el estómago, el bazo, el hígado, el páncreas y ambos intestinos.

Durante todo el tiempo en el que los órganos estuvieron fuera del cuerpo de la niña, debieron mantenerse como si fueran a utilizarse para un trasplante, lo que quiere decir que tienen que estar a una temperatura muy baja, unos cuatro grados, para garantizar que vuelvan a funcionar cuando se reincorporen al organismo.

Una vez extraído el tumor, los médicos comprobaron que algunos de los órganos más próximos estaban afectados por el cáncer, por lo que no pudieron ser devueltos a su lugar en el cuerpo de la pequeña. Eran el estómago, el páncreas y el bazo. Como un ser humano no puede vivir sin estómago, los cirujanos crearon uno artificial para la niña; una bolsa de tejido intestinal que es capaz de retener los alimentos hasta que estos pasan al intestino delgado. También y por falta de estómago, Heather necesita la ayuda de una bomba para comer que lleva en una mochila a su espalda.

La falta del páncreas y el bazo hacen que la pequeña requiera inyecciones de insulina y de enzimas que la ayuden a digerir los alimentos. Pero, aparte de eso, Heather se encuentra perfectamente. El cirujano jefe explicó que se había tratado de una operación similar a un multitrasplante de órganos. Con una ventaja, como los órganos eran los de la propia niña, esta no necesitará tomar medicamentos para evitar el rechazo, como les ocurre a los trasplantados.

El equipo médico había temido que el hígado de la niña también estuviera afectado por el tumor y que no pudieran volver a ponérselo en la cavidad abdominal. Para solucionar esa eventualidad, el padre de la pequeña estaba dispuesto a cederle un trozo del suyo. Pero el hígado de la menor estaba en perfectas condiciones para volver a su sitio. «Ahora nada impide que Heather tenga una vida plena y normal», afirmó Tomoaki Kato tras darle el alta a la pequeña, que desde hace unos días se halla en su casa de Long Island, en Nueva York.

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