El ADN humano y el del chimpancé son más distintos de lo que se creía

Hombres y primates generaron diferentes mutaciones hace 12 millones de años, antes de separarse los linajes


Darwin tenía razón. El hombre y el mono proceden de un antepasado común. Lo que el naturalista inglés demostró con un minucioso y laborioso estudio de las características de animales y plantas, a lo que dedicó toda su vida científica, la genética lo corroboró años después. Es más, en el año 2005, la secuenciación del genoma del chimpancé reveló que su material genético es, en casi un 99%, prácticamente idéntico al del hombre. Casi hermanos de genes. Aunque ahora un nuevo estudio que hoy publica la revista Nature , que dedica una edición especial al bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, arroja nueva luz sobre estas similitudes y concluye que, efectivamente, ambas especies son similares, pero no tanto.

Equipo internacional

Así, si en la última década la comunidad científica había aceptado la hipótesis de que los seres humanos y sus parientes vivos más cercanos solo diferían en un 1,24% en sus secuencias de ADN, ahora se ha demostrado que esta estimación es incorrecta y que, en realidad, el número de diferencias puede ser hasta diez veces superior. La investigación parte de un equipo internacional en el que han participado dos investigadores del Instituto de Biología Evolutiva, un centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra y el CSIC.

¿Cuál es la clave del nuevo hallazgo? Las duplicaciones segmentales, que no son más que fragmentos grandes de ADN repetidos muchas veces a lo largo del genoma debido a mecanismos moleculares muy complejos. En determinados momentos de la evolución se hicieron múltiples copias que se fueron insertando en diversos lugares del genoma. Como las duplicaciones pueden ser muy grandes, contienen muchas veces genes completos, cuyas copias, que en principio son idénticas, pueden ir especializándose a base de pequeñas mutaciones hasta diferenciarse completamente unas de otras. Y así es como se generan la mayoría de genes únicos de una especie concreta: por duplicación y posterior especialización, ya que los genes nuevos pueden realizar funciones distintas que serán exclusivas de las especies que los tienen.

El estudio también es importante porque data la época de la historia en la que se registraron un mayor número de duplicaciones: hace entre 12 y 8 millones de años, justo antes de la separación de los linajes de humanos y chimpancés, ocurrida hace seis millones de años. Este hecho implica que todos los genes estudiados que acababan de aparecer han ido adquiriendo características nuevas a lo largo de los seis millones de años que llevan separados evolutivamente hombres y chimpancés.

Arcadi Navarro y Tomás Marqués, los dos investigadores españoles que participaron en el proyecto, señalan que es probablemente esta separación la que permitió a los seres humanos adaptarse al entorno actual.

Según Navarro y Marqués, las duplicaciones predisponen al genoma a reorganizarse, a tener grandes cambios estructurales, como quien hace construcciones diferentes con las mismas piezas. Este fenómeno puede derivar en ciertas enfermedades como el autismo, la esquizofrenia o el retraso mental. Pero los científicos puntualizan que la duplicación de genes no es sinónimo de anomalía, sino de variación y novedad. Estas novedades pueden suponer una ventaja evolutiva o pueden resultar patológicas (mutaciones deletéreas), en función de cómo se desarrollen.

Una parte ignorada

Hasta el momento, las duplicaciones segmentales eran una parte ignorada del genoma, ya que resultaba muy complicada individualizarla, aunque ya desde que se secuenció el genoma del chimpancé se sospechaba que su presencia debía ser importante. Ahora se acaba de comprobar y el desarrollo de esta investigación internacional ayudará a comprender los mecanismos de la evolución humana y de algunas de sus enfermedades únicas.

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