«La diferencia es más económica que cultural»


Antes que la venda está la herida, pero por el medio hay que lograr que la tirita llegue hasta el sanitario. De este modo explican las oenegés la cadena de trabajo que han de movilizar en países con necesidades tan perentorias como las de Zambia. El papel intermedio es el que cubren logistas, como Emilio, y administradores, también en organizaciones sanitarias, aunque la imagen que llegue sea la de médicos atendiendo en las consultas. «Trabajamos en campos muy variados: construcción o rehabilitación de centros de salud, comunicaciones, mecánica, administración, agua, saneamiento... Cada uno de nosotros tiene un perfil profesional y de experiencia que debe ser adecuado a cada uno de los proyectos».

Lleva diez años embarcado en esa tarea. «Echas de menos a amigos y familiares, pero a estas alturas ya se han hecho una idea y creo que las nostalgias y las ausencias se ven compensadas un poco por las características de este trabajo». Una tarea, dice, que le ha reportado «seguro, muchos momentos satisfactorios», aunque no destaque ninguno. También instantes para olvidar. «No sabría decir cuál ha sido el peor momento, ha habido algunos malos momentos, algunos incidentes de seguridad, situaciones fuera de control en conflictos... Pero espero que el peor nunca llegue», remacha.

Ya ha pisado Emilio terreno en algunos de los países más empobrecidos del planeta. Zambia está entre los 15 menos desarrollados, según la ONU. Mas entiende que las diferencias Norte-Sur, vienen, precisamente, del bolsillo: «No sé si te cambia la imagen de estos países, en realidad las diferencias son más económicas que culturales, aunque también las hay». Diferencias que hay también dentro del propio país: Zambia es uno de los mayores productores de cobre del mundo, pero 6 de cada 10 habitantes viven con menos de un dólar al día.

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