Unos 75 millones de personas más pasan hambre en el día mundial de la alimentación

A. Prádanos MADRID

SOCIEDAD

La crisis de los alimentos eleva la cifra de famélicos hasta los 923 millones según la FAO.

15 oct 2008 . Actualizado a las 20:36 h.

El contraste no puede ser más cruel ni más revelador. Casi dos billones de euros puestos en juego - en dinero contante, avales y garantías- en el mayor aquelarre financiero de la Historia frente a frente a con otra cifra millonaria, la de mil millones de seres humanos que no saben del Ibex ni de Wall Street, e ignoran también si mañana tendrán algo que llevarse a la boca. Este jueves el Día Mundial de la Alimentación se festeja, es un decir, con 75 millones más de famélicos respecto de 2007, víctimas de la crisis del precio de los alimentos. Según la FAO, hay en el mundo 923 millones de hambrientos y la cifra crece en lugar de menguar. Mientras, la comunidad internacional, ensimismada en su agujero económico, regatea aun más los fondos para combatir esta lacra. Sería el 'chocolate del loro'; bastarían 3.000 millones de euros para sacar de la desnutrición aguda severa a 19 millones de niños.

Menores, ancianos, mujeres de los países en desarrollo son los principales paganos de las tres grandes crisis superpuestas en el último año, la financiera detonada por las hipotecas 'basura' en EEUU, el encarecimiento del precio de los combustibles y el alza de los precios agrícolas. Y tanto el Banco Mundial como el Programa Mundial de Alimentos anuncian que lo peor está por venir; calculan que entre 100 y 130 millones de personas más caerán en la pobreza y el hambre en los próximos meses.

Pero no será por falta de alimentos. «La cosecha mundial de 2008 es histórica, suficiente para cubrir las necesidades de casi 9.000 millones de personas para una población de algo más de 6.000 millones», subraya Olivier Longué, director general de Acción contra el Hambre. La paradoja es que los precios de algunos alimentos básicos -cereales, arroz, leguminosas, etc.- han subido casi un 80 por ciento, empujados por la espiral inflacionista del petróleo, el boom de los biocombustibles y una doble especulación, en los mercados internos y en los mercados internacionales de materias primas.

«Como resultado de estos tres procesos en menos de un año, muchas más familias en el mundo van a tener más dificultades para alimentar a sus niños, proporcionarles atención sanitaria y mantenerles en la escuela», recalca Alberto Soteres, director general de Save the Children.

Agricultores

La crisis global impide a millones de pequeños agricultores de los países pobres acceder a los insumos que necesitan para producir, porque los fertilizantes o el combustible han duplicado sus precios. Son estos millones de familias los más atacados por el 'hambre estacional', el período de escasez de alimentos en el que se agotan las reservas domésticas de alimentos y deben comprar la comida en los mercados locales a precios astronómicos. «Los pequeños agricultores no sólo no se han beneficiado de la subida del precio de los alimentos, sino que son víctimas directas», destaca Longué.

Ambas crisis, la alimentaria y la financiera están conectadas pero las recetas para salir difieren en mecanismos y en coste. Las cifras para paliar las situaciones más graves de hambre y desnutrición son muy modestas. Según el último informe de Acción contra el Hambre -'Hunger Watch, el Hambre Estacional'-, con 3.049 millones de euros, la mitad de lo que ha costado la T4 de Barajas, se libraría de la desnutrición aguda severa a los 19 millones de niños que padecen el último y más letal estadio del hambre en todo el mundo.

Sería, admite Longué, un «parche», una primera medida de emergencia para atajar el riesgo de muerte inminente. Luego se necesitan políticas de fondo, voluntad de los gobiernos de los países implicados para hacer de la lucha contra la malnutrición su prioridad, como ya han hecho Brasil, India, Mozambique, Uganda y otros. E implicación de la comunidad internacional para crear bancos de cereales y almacenes de semillas -un colchón para épocas de escasez y contra la especulación de precios-, así como facilitar una nueva «revolución verde» en la agricultura del Tercer Mundo.

Innovaciones tecnológicas a veces tan sencillas como pasar de la azada a la tracción animal «multiplicarían la producción de las familias», asegura Gabriel Villarrubia, experto en Seguridad Alimentaria.