La patrulla del oso retiró 130 trampas ilegales en los últimos cinco años

El furtivismo ha remitido, pero sigue siendo un obstáculo al asentamiento de poblaciones en Galicia


En los últimos años se ha producido un notable descenso en el trampeo ilegal con lazos, a tenor del recuento de los retirados por las patrullas de la Fundación Oso Pardo en el occidente de la cordillera Cantábrica. No obstante, sigue siendo un importante escollo para el asentamiento de los osos que deambulan entre Asturias, León y Lugo, según confirmó Guillermo Palomero, presidente de esta fundación, que mantiene en los Ancares lucenses uno de sus cuatro grupos de vigilancia permanente para la lucha contra el furtivismo. Han retirado ya 1.155 lazos, la mayoría en el alto Narcea y en Somiedo, aunque la patrulla lucense, que funciona desde el 2002, retiró en seis años 130. Desde el 2004 contabilizaron 79 y en el 2007 solo ocho.

«A pesar de estas abultadas cifras, la realidad es que en el año 2004 se retiraron 225, mientras que en el 2007 fueron 67, y eso que los esfuerzos de búsqueda de estas trampas ilegales no han disminuido, y la fundación ha destinado a combatir la caza furtiva el mismo número de vigilantes en estos años», dice Palomero. Furtivos que buscan carne o trofeos, y también ganaderos afectados por los daños de los jabalíes en pastizales y cultivos, son los laceros más habituales. En el Alto Sil leonés fueron sorprendidos y denunciados recientemente 13 y en Asturias varios han sido condenados por vía penal.

La búsqueda intensa de lazos y las denuncias, así como la colocación de pastores eléctricos en fincas y cultivos, en colaboración con la Consellería de Medio Ambiente, así como las campañas de sensibilización, han contribuido a aminorar el problema, aunque no se ha erradicado, y buena prueba de ello es la retirada en Ibias, municipio fronterizo con A Fonsagrada, de 63 lazos ilegales entre el 27 de febrero y el 1 de marzo últimos.

Existe una gran esperanza en que se consolide el asentamiento de osos en Os Ancares y O Courel, gracias al menos a una osa que recientemente cría en los cercanos montes bercianos. Según Guillermo Palomero, el Seprona continúa la investigación de la muerte a tiros de un macho en Burbia, parroquia entre Vega de Valcarce y Pedrafita, ocurrida el pasado año. Al parecer, se recuperó un casquillo y por ello no se ha cerrado el caso. Por otra parte, tras un tenaz proceso, en días pasados fue juzgado en Pau (Francia) un cazador acusado de abatir a la última osa pirenaica, Cannelle, el 1 de noviembre del 2004, según informa el Fondo para la Protección de la Fauna Salvaje (Fapas).

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